La frenética carrera por escoger un colegio para nuestros niños

Por Carolina Rodríguez Cobo

 Elegir el colegio de los hijos o el sistema educativo bajo el cual como padres queremos que se formen no es una decisión fácil. Incluso, diría, que es casi tan difícil como escoger el nombre. Nos damos vuelta pensando en alternativas, las madres en estado de pánico comienzan a pensarlo apenas la criatura nace. Muchas inician una carrera frenética por escoger el colegio, se preparan, preparan a los pequeños para postular como si estuvieran postulando a la mismísima universidad de Harvard. Es una locura, en muchos casos. Es una carrera que con los años se ha transformado en algo muy singular. Como si la vida de los niños estuviera en juego. Yo soy madre de un niño pequeño que aún no se incorpora a la educación preescolar, pero creo que es algo que ya debo ir pensando. Pero sin estrés. En muchos países del primer mundo, el colegio de los niños se escoge en torno al barrio adonde vive. Es así como a cada niño se le asigna un colegio dependiendo a su sector. Cosa que en Chile no ocurre.

Consideremos que los niños pasan alrededor de 14 años de su vida inmersos en el sistema educativo, por lo cual es una decisión que debe tomarse a conciencia. Muchas, cuando estén estudiando recuperaremos un poco de nuestra libertad,  pero sólo un poco, porque sabemos que cuando regresen  de clases la misión será revisarles los cuadernos por si traen tareas. Y en muchas ocasiones, hacer las tareas con ellos y ayudarlos a estudiar. La cosa no para jamás.

¿Escogeremos un colegio privado, público, que sea bilingüe, laico o que pertenezca a alguna congregación religiosa. Que quede cerca o lejos de casa?

Otro punto no menor es considerar si el colegio es gratuito, subvencionado o pagado. Conozco casos de muchas familias que sacrifican un montón de cosas por educar a sus hijos en un colegio pagado, porque para ellos es importante más que la educación que allí les entregan los vínculos sociales que los niños hacen que dicen les servirán más en el futuro.

En una sociedad tan notoriamente estratificada como la nuestra el colegio pesa. ¿O no? ¿A cuántos de nosotros más de alguna vez nos han preguntado en una entrevista de trabajo de qué colegio salimos? Como si eso importara más que tu trayectoria profesional.

Las claves para elegir el colegio de los niños residen no en buscar el mejor, porque colegios buenos hay muchos, sino en elegir un buen colegio para nuestros hijos, que esté adaptado a las necesidades del niño primero y a las familiares después.

En mi caso creo que me inclinaría por un colegio que fomente además de los ramos tradicionales la práctica de deportes, los idiomas y que estuviera adscrito a alguna congregación religiosa. Me eduqué en un colegio de monjas y jamás he sentido esa carga de sentirme pechoña porque una es libre de pensar distinto en muchas cosas y así lo hice sentir siempre. Los colegios religiosos de por sí tienen buena disciplina, cuestión que para mí también es importante.

Ojalá sea un colegio con financiamiento compartido, dado que tampoco es mi idea gastar un dineral que no tengo. También que quedara cerca de la casa, para no exponer al pequeño a largos viajes en locomoción colectiva o auto. Pero por sobre todo escogería un colegio donde vea que mi hijo es feliz, que se siente validado y respetado por sus  compañeros, donde consideran sus avances y capacidades.

Está en boga también aquellos establecimientos que tienen métodos pedagógicos alternativos, como son las llamadas escuelitas libres y felices que promueven que los niños exploren su aprendizaje, que se dediquen a lo que les interesa donde  el juego es lo primordial. Acá es fundamental corroborar que estas estén certificadas por el Ministerio de Educación y que  cumplan los objetivos que marca el ministerio en cada etapa, pues la idea no es que el niño se forme en un sistema- burbuja que no tiene relación con la realidad a la que se va a enfrentar finalmente.

Finalmente, cuando se busca una escuela o colegio, debemos saber que no existe aquella que puede cubrir todas las expectativas: el proyecto educativo, la gente, la distancia, el precio. Por eso es importante definir aquellas cosas a las que uno no va a renunciar y sobre esas basar tan importante elección.

Constanza Diaz

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