Intercambio de roles: mi marido es quien se queda en casa criando y yo salgo a trabajar

En muchos países europeos el hombre se queda en la casa preocupado de las labores domésticas y de los hijos pero en América Latina, adonde el machismo aún impera, esto es desconocido y se ve raro. Sin embargo, esta familia se decidió a intercambiar roles y está feliz. Esta es su historia.

Por Ivonne Cuihan

Hace varios años atrás, mi marido y yo trabajábamos y teníamos sólo una hija. Por varias situaciones de la vida todo colapsó y nuestro matrimonio casi no se salva. Pero yo dije, ¡alto! Me voy de mi pega, quiero mi familia, quiero ser mamá y así renuncié para dedicarme a la casa. Fue difícil ya que debíamos tener un plan para sobrevivir con un solo sueldo. Pero salimos adelante. Mi marido tenía la responsabilidad económica y yo la de la casa y las niñas. Como en muchas familias. La mamá se queda en casa y el papá trabaja. Eso es así desde que el mundo es mundo aunque cada vez la mujer está más inserta en el mercado laboral lo lógico es que sea ella la que cuide a los niños y el hombre salga a trabajar. Eso no resulta raro, nadie te mira con cara de circunstancia cuando es así.

La salud de mi marido, con el tiempo, comenzó a verse afectada por su trabajo. El nivel de estrés era tanto y los cambios de turno ya no lo dejaban dormir. Un día de esas donde conversamos en la noche en paz pero muertos de sueño, le dije:

– Renuncia

– ¿Qué? ¿Y qué vamos a hacer?

– No sé, pero prefiero que sigas vivo antes de que te dé un infarto. Yo puedo volver a trabajar y apretaremos el bolsillo. No necesito carteras ni zapatos, sólo quiero mi familia y que vivamos con lo realmente necesario.

 

Y  nos tiramos a la piscina…

 

Tenemos dos niñas. En ese entonces Anto de 7 y Lia de 1 año. Al  principio para él fue fácil, mejor dicho para los dos. El estaba en casa con las niñas feliz, sin el estrés de la pega y yo al fin fuera de casa, teniendo vida social.

Yo llegaba del trabajo a hacer nada o lo mínimo. A Jugar con las niñas a bañarlas y cada uno hacia dormir a cada niña. Luego podíamos estar tranquilos, contándonos lo que hacemos cada día.

El es super hiperactivo y habla hasta por los codos, Anto baila y canta todo el día. Lia es un caso especial…Lia tiene cuerda para rato. No descansa en todo el día, grita en vez de hablar, canta, baila, corre, se sube a todo lo que pilla, come tierra por montones. Como muchos niños de su edad.  No puedes pestañar porque hay que cuidarla permanentemente antes que algo grave pase. Imagínate la mezcla de bulla en mi casa. Al principio a las 10 de la mañana, él ya tenía todo listo, camas hechas, barrido, trapeado, todo con cloro, loza limpia, ropa tendida. Excelente trabajo para un hombre. Lo hace incluso mejor que yo.

Los amigos y la familia comenzaron a burlarse, a hacerle bromas de que era un macabeo, un mantenido, la nana de la casa. Nadie entendía cómo yo aguantaba que él no trabajara y yo tuviera que mantener todo en términos económicos. Como si él fuera un flojo aprovechador. Costó mucho que se dieran cuenta que era un acuerdo, y que no tenía nada de raro que funcionáramos así.

Con el paso del tiempo sus revoluciones comenzaron a bajar. Ya no podía mantener el orden, ya estaba cansado, comenzó a ponerse irritable e histérico y yo le decía que era obvio: Estás encerrado todo el día con las niñas, estás cansado como mamá.

A veces peleamos, pero la gran mayoría de las veces lo entiendo, lo mando a acostarse un rato, lo dejo que salga cada vez que puede y sobre todo que este en el baño tranquilo.

Aprendió a ducharse cuando yo llego, aprendió a ir al baño en un minuto y con la puerta abierta, aprendió que hay que dar comida saludable y no muchos dulces, aprendió a estirar el dinero que le dejo para la semana.

Ha pasado un año. Me dice que el cansancio de la pega no es como el cansancio de la casa. Cae rendido en las noches, su cara tiene ojeras de mamá… corre todo el día entre pañales, colegio, jardín, reuniones, comidas, leches, juguetes.  Está realmente cansado.

Este mes le ha tocado vivir dos cosas muy importantes. Ha sufrido como mamá con el mes de adaptación en el jardín. Se queda pegado en la reja mirando si la pequeña sigue llorando y se vuelve a la casa con el corazón apretado. También he visto su cara de alegría y orgullo, cuando lia hizo su primer pipi en la pelela, hasta me mandó una foto.

Para la Anto esto también es natural, pero cuando dice en el colegio que el papá está en casa a todos les parece extraño.

Hemos tenido que lidiar hasta con el cahuin de que vendemos drogas, porque es ilógico que podamos sobrevivir si él no trabaja hace un año.

Te juro que mientras escribo me emociono de lo orgullosa que estoy de él. Todo esto ha servido para entender el cansancio del otro. Me siento feliz de tener un compañero al lado. Todo esto nos ha hecho fuertes, sólidos. Nos queremos, nos respetamos, estamos felices de nuestra familia y de lo que hemos logrado. No me importa lo que digan, estamos bien así. y sé que mis hijas no olvidarán jamás cuando las cuidaba el papá.

Constanza Diaz

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