Hiperparentalidad y cómo estamos anulando a nuestros niños

Por Rosario Rodríguez, psicóloga clínica

Vivimos en tiempos en los cuales todo gira en torno a los niños.  Vemos en las tiendas artículos que nuestras madres o abuelos jamás conocieron: El traba cajón, el protector de enchufe, el traba tapa del wáter, los protectores para las puntas de los muebles y así, la lista es interminable y cada vez surge amo nuevo en el mercado. Las madres corren veloces cada vez que sus pequeños se caen. Corren a pararlos. Si alguien los molesta, corren a defenderlos. Así también ocurre en el colegio, la madre hoy en día le pide explicaciones a la profesora. ¿Por qué le puso mala nota? ¿Por qué mi hijo no es titular en el equipo de fútbol? ¿Por qué lo dejaron para el final?

Así comenzamos, sin darnos cuenta, a sobre proteger a los niños, a “controlarlos” desde el lugar dónde gatear, cómo gatear, cómo moverse, no conocer el wc, ni los cajones, ni la estufa, ni las caídas, porque todo eso conlleva un peligro. Cuando están mas grandes prefieren no sacarlos al parque si es invierno, o no ir al cumpleaños número de la abuelita porque habrá mucha gente en casa y los virus andarán “a la orden del día”. Luego, cuando van al colegio, les programan clases después de las clases, porque no queremos que se equivoquen, no queremos que se saquen un rojo, no queremos que repitan de curso. Y así vamos armándoles una vida de mentira, los sobreprotegemos tanto que los hacemos crecer dentro de una burbuja, donde no existe el peligro, el mal, las penas, las frustraciones. El aburrimiento. No dejamos que nuestros niños se aburran. Les creamos un mundo adonde  no hay capacidad de discernimiento, donde no hay capacidad de elección, y por tanto, no hay auto conocimiento.

No crean que hay hiper parentalidad o sobre protección sólo por tapar los enchufes, o sólo por organizarles la semana completa a los niños. Podemos ver a continuación 4 estilos de crianza hiper parental:

  • Los padres sobreprotectores que difícilmente quitan de su vista a sus hijos. Los puedes ver en las plazas rondando a sus hijos, parándose al lado mientras juegan con tierra, alrededor de los resbalines, etc.
  • Los padres que rebasan a sus hijos de juguetes y cualquier bien material. Se les llama “padres de un pequeño emperador” pues los tratan como tal. Buscan desmedidamente que nunca les falte nada, y terminan finalmente haciendo que les sobre mucho.
  • Los padres que presionan a sus hijos para alcanzar el éxito. Es un estilo de crianza mas bien autoritario y donde las expectativas son demasiado altas en relación a los niños. Buscan que se destaquen por sobre los demás en términos académicos, deportivos, artísticos. Deben ser siempre los mejores.
  • Finalmente están los padres que organizan la agenda de sus hijos con el fin de que nunca tengan tiempo de ocio, tiempo de aburrirse, y que a la vez sean capaces de ser hábiles en muchos temas. Así tienen clases de piano, de fútbol, de ballet, de artes marciales. Reforzamiento post colegio, clases de teatro, de natación, etc.

Como psicóloga les puedo comentar que las dos cosas que me dan más miedo de este modelo de crianza es la frustración y el no conocerse. Y no hablo sólo de los niños, si no también de los padres. Los que me conocen o me siguen por las RRSS sabrán que yo soy pro padres ante todo, porque para mi, si los padres están bien, los niños podrán también estarlo. Si, por ejemplo, una madre vuelca toda su atención en sus hijos y se desplaza a si misma, terminará con algún trastorno ansioso o depresivo que finalmente le dificultará no solo llevar su vida, si no también la de su hijo, la de su familia, la de su trabajo, etc…Y aquí vemos que esta hiper parentalidad surge de padres auto exigentes o de padres inseguros y temerosos. O quieren que sus hijos sean los mejores porque ellos también siempre han buscado destacarse y ser lo mejor (tal vez porque sus padres se los exigieron) o son padres que temen ser malos padres, que tienen dificultades para decidir, que no quieren “meter la pata”.

Por lo general en la consulta los pacientes comienzan poco a poco a meterse en esta maramaña de qué alimento deben darle y cuáles no, cuánto deben hacerlos gatear o cuánta tele ver. Como regañarlos cuando hacen algo malo, o si estará bien un tirón de orejas de vez en cuando. Si pasa eso, les dejo las cosas claras: no soy pro agresión ni física ni verbal, y soy pro rutina para dormir porque está comprobado que ayuda muchísimo a su desarrollo, y además contribuye enormemente al bienestar de los padres en los ámbitos mental, emocional, físico, de pareja, social y sexual.

Lo único que necesitan para ser padres es amor, límites y paciencia.

El amor debe estar por sobre todas las cosas, eso no se cuestiona, no se duda, no se condiciona.

Luego de eso los límites, con amor, las cosas no son como quiera el niño todo el tiempo. Obvio, hay momentos en los cuales es importantísimo que los niños “hagan lo que quieran”, eso les permite razonar, discernir, volverse más seguros y empoderados. Asumir responsabilidades, saber lo que es la dupla acción- consecuencia.

Y de ahí viene la paciencia, porque esos límites hay que ponerlos, y volver a ponerlos, y volver a ponerlos, y volver a ponerlos.

No traspasen sus miedos a sus hijos, ni tampoco sus inseguridades. Cuidar implica también prepararlos para el futuro. Ese futuro de golpes emocionales, ese futuro donde las cosas dolerán inevitablemente. Ese futuro donde se les cerrarán puertas. Para eso hay que prepararlos, para que sepan cómo enfrentar el dolor, como enfrentar los errores y las caídas. Mientras estemos presentes acompañémoslos en esos porrazos de la vida, porque tal como no podemos asegurarles que nunca habrá dolor, tampoco podemos asegurarles que estaremos siempre con ellos, la mejor herencia es hacerlos fuertes y felices.

Constanza Diaz

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