Formemos una tribu para criar y no un campo de batalla

No hay experiencia alguna que cambie tanto y marque tanto como la maternidad. Dejamos de ser la mujer que fuimos y conocimos para dar paso a la madre. Nacemos otra vez. El cambio es tremendo. Necesitamos sentirnos apoyadas y comprendidas, necesitamos que nos escuchen y no que nos critiquen. Como mujeres debemos apoyarnos porque el camino, a veces, es duro y difícil de recorrer. Tenemos que reencontrarnos con nosotras mismas y con la mujer que fuimos antes de parir y, por sobre todo, cuidarnos unas con otras.

Por Natalia Martini-psicóloga

La maternidad es una experiencia compleja. Maravillosa, pero compleja. Compleja porque la mujer que antes había se cambia, se transforma, da paso a una nueva mujer-madre que implica mucha renuncia, mucha entrega, perder la identidad que antes teníamos para transformarnos en una persona nueva.

Si a nosotros nos cuesta reconocernos a veces, con mayor razón a nuestro entorno, nuestras parejas, nuestros amigos, nuestras familias.

Por esto, entre otras cosas, es por lo que necesitamos una tribu, un grupo de madres que nos acompañe en este viaje, que nos apoye, que nos contenga, personas que pasan por la misma experiencia que nosotras y que puedan hacernos sentir validadas, respaldadas, alguien que pueda mirarte y decir: “tranquila, estás haciendo un buen trabajo”.

Pero últimamente, con todas las formas de hacer maternidad, estudios sobre “el bien y el mal” parece que cada una de nosotras intenta resolver este cambio de identidad en soledad, convenciéndose de que lo que estoy haciendo “está bien y es la única forma de hacerlo”.

En vez de apoyarnos entre nosotras estamos atacándonos, burlándonos, denigrándonos, descalificándonos, como si esto reafirmara de alguna manera mi “buena forma de ser mamá”.

Lo entiendo, todas necesitamos sentir que estamos haciéndolo bien y que esta nueva mujer mamá está haciendo bien la tarea: se informa, lee, estudia, sabe.

Esta nueva identidad necesita ser reafirmada, pero creo que estamos equivocando el camino al reafirmarnos a nosotras mismas descalificando al resto.

Detrás de cada mamá hay una mujer peleando día a día contra sus miedos, contra sus penas, peleando con su realidad, con sus pérdidas, construyendo una nueva mujer y extrañando a veces la que era antes.

Tratemos de ver eso en cada palabra, en cada gesto que vemos en otras madres. Todos nuestros caminos llevan a la Roma de hijos sanos y felices, porque el mejor camino para nuestros hijos es el que su propia madre y familia le forma, no el que otro impone de afuera.

Tratemos de apoyarnos más, de comprendernos más, de mirar a otras madres de un modo cariñoso y si no tengo nada positivo que aportar mejor tomar distancia, ser parte de una tribu y no de un campo de batalla.

 

 

Constanza Diaz

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