Fiebre y niños, ¿qué hacer y cómo manejarla?

Por Paulina Carrasco. Médico General de Zona.

Una situación muy recurrente en nuestros niños es la – a veces tan temida y poco conocida- fiebre. Y ya que es tan común, revisemos algunas dudas y preguntas frecuentes respecto a ella.

¿Es la fiebre una enfermedad?

No. La fiebre es un síntoma de una enfermedad. Una señal que el sistema inmune de nuestro cuerpo nos da para avisarnos que algún agente infeccioso (microorganismos como virus o bacterias)  lo está atacando.

¿Es malo tener fiebre?

No. La fiebre es un mecanismo de defensa de nuestro propio cuerpo frente a esta infección. Al aumentar la temperatura corporal el ambiente se vuelve hostil impidiendo que los  microorganismos crezcan y sobrevivan.

¿Todo aumento de la temperatura del cuerpo es fiebre?

Sólo podemos hablar de fiebre cuando la hemos medido y objetivado con un termómetro. Este es un detalle muy importante, pues la temperatura del cuerpo también puede aumentar por otras causas que no son fiebre, como el llanto intenso, el sobreabrigo, posterior a ejercicio vigoroso, etc.

Entonces, ¿cuándo hablamos de fiebre?

Ya habiendo aclarado que para hablar de fiebre necesitamos medirla con un termómetro, podemos establecer que la temperatura normal del cuerpo va de los 36° a los 37° (llegar incluso a los 37,5°C), entre 37,5° y 37,9°C hablamos de febrícula o sub febril y sobre 38°C hablamos de fiebre propiamente tal.

¿Se debe bajar la fiebre?

Entendiendo que es un mecanismo de defensa del cuerpo, la idea es controlarla cuando es mayor a 38,5°C axilar o 39°C rectal. Para esto lo primero es comenzar con medidas físicas, tales como desvestir (si el niño tiene escalofríos es mejor mantener un poco el abrigo, pero sin exagerar para no provocar más), colocar compresas de agua tibia (nunca fría) en el abdomen e ingle, hidratar ofreciendo el pecho a los menores o con agua a los más grandes. Aplicando estas medidas la fiebre debiera bajar un poco de manera tal que la tengamos controlada. Si esto no ocurre es necesario recurrir a fármacos, el más seguro en edad infantil es el paracetamol, la dosis variará dependiendo del peso del niño, por eso es bueno seguir las indicaciones de su médico o pediatra. Otras medidas es mantener al niño en reposo en un ambiente con temperatura neutra, alimentar con régimen liviano a tolerancia y no forzar la alimentación.

¿Cuándo consultar?

Aquí lo primero que opera es el sentido común que nos dará señas de hasta dónde podemos hacernos cargo. Si tenemos un bebé de menos de tres meses lo más prudente es consultar desde un inicio. En niños mayores si posterior a 48 horas de intentar manejar la fiebre en casa no baja es bueno acudir y consultar. Si desde el inicio la fiebre acompaña a otros síntomas como diarrea, vómitos, dolor de cabeza, dificultad respiratoria, rechazo a la alimentación (si recibe menos de la mitad), irritabilidad o que veamos que el estado general del niño está muy comprometido.

¿Y las convulsiones febriles?

Tal vez uno de los mayores temores que rodean a la fiebre son las convulsiones febriles. No obstante, debemos saber que es de muy baja ocurrencia y afecta a entre un 4-5% de los niños entre los 6 meses y los 5 años. La temperatura mínima necesaria para producir crisis es 39°C rectal y el factor desencadenante más importante es el aumento brusco de la temperatura (un 21% de las convulsiones febriles ocurrirán dentro de la primera hora de iniciada la fiebre). Si bien su ocurrencia produce pánico y ansiedad hay que recordar que una convulsión febril no epilepsia, que es un proceso benigno y la mayoría de las veces un episodio único que no suele tener secuelas neurológicas.

Por eso es importante conocer la fiebre, no temerle, saber cómo manejarla y en qué momento acudir a un centro de salud.

Constanza Diaz

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