Estimada mamá, si no educas a tu hijo lo voy a hacer yo

Por: Constanza Díaz

Me aburrí. Sí. Me aburrí de los niños mal educados que no respetan a nadie. Ni siquiera a sus pares. Me ha tocado coincidir en más de alguna ocasión con niños que son insoportables. Altaneros. Irrespetuosos y mal enseñados. No sé si es culpa de ellos o es culpa de quien ha tenido la misión de educarlos, es decir, sus padres. Lo cierto es que abundan los niños que hacen bullying a otros niños, los molestan a más no poder y llevan a otros a hacer lo mismo. Y yo, no lo aguanto. Puedo estar totalmente equivocada y probablmente lo estoy pero yo no me puedo quedar callada y cuando me he topado con un niño de esas características yo le digo. Yo me lo agarro adonde su madre no me vea, si es que la señora está cerca, y le digo:

-Fulanito, no quiero verte nunca más molestar a Pedrito así. Pedrito es tu amigo y a los amigos eso no se les hace. ¿Te gustaría que a ti te hicieran lo mismo? ¿Te gustaría que todos los niños se rieran de ti? Seguro que no.

Y Fulanito me mira. Estupefacto. Porque seguramente nadie le ha dicho lo que yo le digo porque nadie nunca lo ha educado y si lo han hecho, le ha entrado por una oreja y salido por la otra.

¡Dios! No soporto a los niños mal educados. Estoy mal en ponerme a su altura porque yo hace rato que no tengo seis o siete años pero simplemente, no puedo evitarlo sobre todo si es que se meten con MIS HIJOS. Cada  vez que lo han hecho, los he defendido como una leona.  Una vez, hace poco tiempo, mis niños salieron a jugar con unos peluches. Les encantan los peluches. Son unas focas que les regaló el padre y que ellos adoran. Pues andaban con sus peluches jugando de lo más bien cuando llegaron dos niños un poco mayores que ellos y les arrebataron las focas y comenzaron a patearlas en el suelo. Una y otra vez.

-Son unas guaguas, son unas guaguas- repetían.

Mis niños no atinaron a nada más que ponerse a llorar. ¡Eran sus focas! Herví de rabia. Los llevé a un lugar adonde la madre no me viera y me puse a pelear con ellos de igual a igual.

-Qué te crees tú, Fulanito, de hablarle así a mis niños. La guagua eres tú porque yo sé que todavía lloras en el colegio y que usas chupete. ¡Yo lo sé!

Qué vergüenza para mí, que desubicada, que poca psicología, díganme lo que quieran. Cómo me pude poner a ese nivel. Confieso que lo hice y lo he hecho otras veces y me pongo a educar a niños ajenos.

Recogimos los peluches y mis niños aún llorando nos subimos al auto y ahí comencé a decirles que tienen que aprender a defenderse y ser fuertes. Me fui todo el trayecto de regreso con el discurso de la defensa personal y hacerse respetar. Porque en esta selva que es este mundo adonde nos toca vivir y les toca vivir a nuestros hijos, el que no se defiende, no sobrevive. Todos los días les repito que deben de aprender a defenderse porque mamá no va a estar siempre a su lado para hacerlo. Pero cuando esté, yo voy a educar a ese niño mal criado.  Porque cuando se meten con mis niños, me transformo.

Constanza Diaz

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