Entregué a mi hija en adopción, hoy siento que fue el mejor regalo que le di en su vida

Quedé embarazada a los 15 año. Nunca tuve  una relación estable con el papá de mi guagua. Nos acostábamos de repente sin ningún compromiso y responsabilidad de por medio. Yo vivía con mis abuelos maternos y con mi hermano menor. Mi mamá trabajaba en Santiago en una casa particular y mi papá se desapareció cuando yo tenía tres años. No me acuerdo de él. Nada. Es como si nunca hubiera existido. Nunca nos llamó, ni buscó. Tampoco nos mandó regalos para los cumpleaños ni para Navidad. Se lo tragó la tierra. Mi mamá se sacaba la cresta trabajando y mis abuelos me criaron a mí y a mi hermano Kevin. Kevin tiene un año menos que yo y se lo pasa en la calle jugando a la pelota. Mi abuela es inválida y no puede levantarse de la cama, mi abuelo es maestro pintor y sale a trabajar cuando lo llaman.  El Renato era mi amigo con ventaja. A mí me gustaba harto él aunque tenía claro que era algo de cabros chicos. Yo estaba en el colegio. En octavo básico. Odiaba ir a clases, me aburría. Me escapaba con mis amigas. El Renato era tierno cuando quería. Vivía con su mamá y sus hermanas. El papá vivía en el norte y no lo veía mucho. Nunca nos preocupamos de usar condones porque el apuro por estar juntos era superior. De verdad que éramos cabros chicos y jamás pensé que me iba a embarazar. Hasta que sucedió. Me di cuenta que no me llegaba la regla y así pasé meses. No sentía nada raro. Sólo mucha hambre y sentí que estaba subiendo de peso. Mi mamá se dio cuenta y me llevó al consultorio. Ahí me dieron la noticia. Tenía 16 semanas de embarazo. Corrí a contarle al Renato y me dijo que él no podía ser papá. ¿Y yo? Yo tampoco podía ni quería. No quería ser mamá. No estaba preparada no tenía nada pero nada que darle a esa guaguita que venía en camino. No me podía cuidar yo, ¿cómo iba a cuidar a un hijo? Me puse a llorar, Mi mamá lloraba y decía que por su culpa yo estaba embarazada. Se culpaba porque nos había dejado solos para trabajar.

-No es su culpa, mamita- le repetía yo mil veces. Llorando también. El Renato se escondió. Mi abuelo fue a hablar con su mamá y la señora le dijo que era culpa mía por no cuidarme.

Se me vino el mundo abajo. Había desilusionado a mi mamá, a mis abuelos. Me sentía pésimo. ¿Qué futuro podía darle a mi hija en esa población? No teníamos plata. No teníamos nada. No tenía nada pero nada que ofrecerle a mi hija más que pobreza y un futuro sin futuro. Entonces mi mejor amiga, la Paola, me dijo que podía darlo en adopción. Busqué lugares y fundaciones hasta que llegué a una adonde me acogieron y me cuidaron con total cariño durante mis meses de embarazo. Me dieron apoyo psicológico y médico. Me protegieron y jamás me obligaron a nada. Ellos respetaban mi decisión y si cambiaba también la respetarían. Eran personas buenas. Mi hija nació un día 3 de febrero a las 7:45 de la mañana. Era pequeñita y bonita y se parecía un poco al Renato. Pensé en dejármela. Lloré. Lloré muchísimo. Me sentía horrible. Me sentía el peor ser del mundo. Pero no di marcha atrás. Quería que mi hija tuviera las oportunidades que yo nunca tuve. No quería que creciera en las calles polvorientas y llenas de peligro adonde yo vivía. Niños sin futuro, así como yo. Así como mi hermano. Quería que mi hija fuera feliz y tuviera la vida y sobre todo las oportunidades que yo no tuve.

Mi pequeña se fue con un matrimonio que llevaba años luchando por tener un hijo y no habían podido. No los conozco pero sé que estará bien. Sé que la van a querer mucho. Sé que crecerá feliz. Nunca voy a borrar esta pena de mi alma pero hoy siento que fue la mejor decisión y el mejor regalo que pude haberle dado a mi pequeña hija. No quería que viviera en la misma miseria que viví yo. Es muy difícil salir de acá. Sé que muchas no me entenderán y dirán que soy un monstruo, que ni las perras entregan a sus cachorros. Pero yo, a pesar de vivir con esta pena, siento que hice lo mejor para ella. Pensé en ella y no en mí. No quiero volver a embarazarme nunca más. No podría quedarme con un hijo sí y con el otro no. No podría hacerle eso a mi pequeña que cedí en adopción.

Deyanira R.

 

Constanza Diaz

Perfectamente imperfectas es un lugar para mujeres reales, sin filtro. Un lugar de información, desahogo y entretención. Perfectamente imperfectas es una revista digital con noticias, actualidad, tendencias, columnas y mucha información de vanguardia para las mujeres que se atreven a decir lo que piensan. Las cosas tal y como son. Sin maquillaje.

Pin It on Pinterest