El sexo antes de ser mamá y el sexo después de ser mamá: un mundo de diferencia

Por Constanza Díaz

Eras joven, libre, feliz. Conociste a un chico. Te gustó. Le gustaste a él. Comenzaron a salir. Se besaron, se miraron, se enamoraron, se tocaron y se fueron a la cama. Sentiste que tu vida era perfecta y maravillosa. No podías dejar de verlo, dejar de hablar con él, dejar de mandarle mensajes y llamarlo por teléfono cuando no estaban juntos. ¡Guau! Cómo podía existir alguien tan pero tan único e irrepetible en el Planeta Tierra.

El sexo con él. Uyyyyyy…el sexo con él era espectacular. Te tocaba y te derretías. Una y otra vez. La química que tenían era fantástica. Nunca tuviste esa química con nadie en tu vida. Qué maravilla, qué acople, qué fución más mágica de dos cuerpos. Era algo que traspasaba lo físico tocando lo espiritual. Eso era hacer el amor de verdad.

Y llegaron los hijos. Uno detrás del otro. Tuviste dos niños seguidos. Pensaste que era el broche de oro para tan perfecto amor pero no. Fue el comienzo del final de la pasión.

Atrás quedó el sexo en la ducha, en el sillón del living,  a las seis de la mañana cuando se despertaban buscándose uno a otro para luego abrazarse sin control. Esas escapaditas los fines de semana a la playa adonde hacían el amor a toda hora y circulaban desnudos por el departamento para seguir haciendo el amor non stop.

Situación actual: estás intoxicada de sueño. Sólo quieres dormir pero no puedes dormir porque tu bebé despierta por las noches, como todos los bebés del mundo, a tomar pecho. Esto te tiene destrozada. La maternidad te tiene agotada, nunca pensaste que sería así. Lo haces lo mejor que puedes y con todo el amor del mundo, amor de madre pero por dios que cansancio atómico tienes, esto de ser madre es tremendo. Tu marido quiere tener sexo contigo porque ya pasó la cuarentena. ¿Qué?

¿Sexo? Estás loco. No puedo. Estoy como si una aplanadora me hubiera pasado por encima. Estoy reventada. Fundida. Además no tengo ganas. Se me quitaron todas las ganas. Si antes era una mujer completamente on fire ahora soy un témpano de hielo. No me reconozco. ¿Adónde se fue todo lo caliente que yo era?

La primera vez que le das la pasada a tu hombre para que ya no siga insistiendo, te duele, te arde, te sientes rara. Rarísima. Quieres que termine rápido para dormir.

Sientes que tu bebé llora, que va a despertar, que los va a escuchar. Te da pudor tener relaciones sexuales con un bebé en la misma pieza. ¿Y si le queda en su subconsciente? ¿Si lo traumas de por vida?

Cuando ya por fin te animas y te sueltas un poco, cuando estás comenzando a tomar vuelo, tu hijo comienza a llorar y corres en pelota a tomarlo en brazos, tu marido queda en pelotas en la cama, lo que estaban haciendo queda a la mitad, porque, obvio, no vas a dejar a tu hijo llorar y primero está él y luego en último lugar tu vida sexual que ya está casi muerta. Cuando crecen los pequeños te da temor que te pillen en plena acción y has estado a segundos que te vean haciendo el amor con tu marido. Sientes esos pasitos caminar por el pasillo cuando jurabas que dormían, saltas de un brinco de la cama, te acomodas, te pones roja como un tomate y llevas a tu hijo de vuelta a su cama. Así no se puede tener sexo tranquila ni menos disfrutarlo en paz.

Entonces te preguntas en qué lugar quedó la mujer que antes había en ti. Ya no está. Ahora dio paso a la madre full time. ¿Cómo complementar mujer y madre a la vez? No tienes idea de cómo hacerlo. Vives cada día a la vez. Sobrevivir es tu fin último porque esto de la maternidad es más complicado que manejar un transbordador espacial a la luna.

Pues tengo buenas noticias, luego de un tiempo, relativo para cada una de nosotras, el sexo vuelve a brillar, vuelve a ser gozado y disfrutado, vuelve a ser rico, entretenido, relajante. Orgásmico y delicioso. Paciencia y busca las instancias para re encontrarte con la mujer que se perdió entre pañales, leches, horas sin dormir y tetas caídas.

Constanza Diaz

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