El puerperio

Pocas han escuchado esta palabra. Pocas saben lo que significa. Yo nunca había oído hablar del término hasta que fui mamá por primera vez. Y cuando aún estaba viviendo mi primer Puerperio, quedé embarazada de mi segundo hijo por lo que digamos que, mi etapa puerperil, se extendió una eternidad.

Dicen los entendidos que el Puerperio  dura cuarenta días. Esto es totalmente falso. Cualquier mujer que haya parido en el último tiempo sabe que la realidad no es así.

Pero, ¿qué significa?

Le llaman Puerperio al periodo después del parto. Es el tiempo que tardan los órganos reproductivos de la mujer y las hormonas a volver a su estado normal, como se encontraban antes de parir.

Ya claro, como si alguna vez nuestra vida volviera a ser la misma que teníamos antes de dar a luz. Pamplinas.

Según dicen los entendidos, en el puerperio el cuerpo pierde el líquido que acumuló durante el embarazo. Y vaya que se acumula líquido y nos hinchamos. Es cosa de mirarnos los pies durante el último trimestre. ¡Por Dios! ¿En qué se han convertido? Ya ningún zapato nos cabe. Ni a presión. Parecemos un pavo de Navidad relleno listo para entrar al horno.

Al menos eso me pasó a mí. No me cabía zapato alguno con mi primer embarazo. Por suerte era verano y salvé la poca dignidad que me quedaba con unas sandalias tamaño hipopótamo.

En las primeras semanas, gracias a esta eliminación de agua Post parto, disminuimos de peso, cerca de un 12 por ciento. El útero, que aumentó aproximadamente cuarenta veces su tamaño, vuelve a su porte normal. Los kilos que subiste durante tu embarazo, comienzas a bajarlos. Supuestamente. Es lo que debiera de pasar pero la hazaña de bajar de peso, cuesta trabajo para algunas. Haces grandes esfuerzos para que te quepan esos pantalones talla 38/40/42 que cuelgan en el clóset hace meses. Sin embargo, ocurre que con la lactancia materna te vienen unos ataques de hambre tremebundos. Te comerías una vaca entera. La panza, que antes lucías con orgullo, ahora se ha convertido en una jalea sin forma que tratas de esconder y disimular con un entero/faja que te recomendó una amiga que fue mamá hace poco. Te costó una fortuna pero ha sido, lejos, la mejor inversión post parto. La guata te la aplasta y la disimula de lo más bien.  Pero, te sacas el enterito milagroso y  se desploma. Indigna. Sobre todo, si es que tuviste a tu guagua a través de una cesárea. Le echas la culpa a la cirugía y al doctor descriteriado que te cortó los músculos del abdomen.

Te urge hacer deporte pero te das cuenta que tiempo para deporte, no vas a tener en el próximo año. Ni siquiera tienes tiempo para ir a sentarte al baño a hacer caca, la verdad sea dicha.

Tu pelo, que durante el embarazo creció fuerte y lindo, comienza a caerse. Se pone feo y seco.

Te sientes mal, triste y angustiada.

De pronto, te dan ganas de llorar por todo. Tu humor cambia y fluctúa como las acciones de la bolsa. Sientes que tu familia te tiene abandonada y nadie acude en tu rescate para ayudarte con tu guagua. Tu hermana te dice que no puede ir a visitarte porque tiene una reunión de curso de su hijo mayor y te largas a llorar al teléfono. Con hipo.

El mundo gira alrededor tuyo, todos van y vienen con sus quehaceres y tú sientes que fuiste abducida por un hoyo negro y no sabes cómo ni cuándo vas a volver a integrarte nuevamente a la vida que antes de convertirte en madre, tuviste.

Ni siquiera sabes cuándo vas a poder sacarte el piyama y te da un terror inmenso sentarte en el baño para evacuar.

Volver a hacer caca después de que hayas tenido a tu guagua es un gran tema que te aterra. Llevas una semana estítica. Llamas a la matrona que asistió tu parto y te dice que te relajes y tomes un laxante natural. Piensas que si vas al baño se te van a reventar todas las hemorroides que te salieron durante el parto. La situación es francamente indigna.

Cuando asumes que la caca que tienes acumulada en tu intestino tiene que salir de tu cuerpo si no vas a reventar, mandas a tu marido a la farmacia más cercana a comprar un enema Fleet. Te encierras en tu pieza, lees las instrucciones y con mucho cuidado procedes a aplicarlo. La primera caca convertida en madre es casi tan terrible como el mismísimo parto. Al igual que las primeras deposiciones de tu guagua. Son de un color oscuro, luego pasan por toda la gama del amarillo y marrón. A veces la caca sale verde, totalmente verde, y te da terror. Una vez más, te pasas mil rollos y llamas al pediatra. Porque cuando eres madre primeriza llamas a ese pobre hombre que posee una paciencia infinita,  por TODO.

Dicen que el puerperio se acaba con la llegada de la primera regla post parto. No lo creas.

La verdad es que el puerperio dura aproximadamente dos años. Si no, más. Con respecto a la primera menstruación después de haber parido, puede que, ésta no te llegue nunca. Existe un alto porcentaje de probabilidades que quedes embarazada nuevamente cuando estés dando pecho si es que alternas la lactancia materna con leche artificial y, el sexo. Y no porque tengas ganas. Tu marido dice que los cuarenta días ya pasaron y te busca y te pide y te implore. Hasta que tú, para que no te molesten más, le dices que sí e ingenuamente, piensas que no puedes quedar embarazada porque estás dando pecho. S

Si no quieres tener otro bebé tan rápido, consulta con tu ginecólogo para acordar el método anticonceptivo más adecuado para ti.

Después de ser mamá, no vas a recuperar nunca la vida que tenías antes, pero lentamente, con el correr de los meses y a medida que tu hijo vaya creciendo, vas a acomodarte a este nuevo escenario que te va a acompañar por el resto de tu existencia: la maternidad.

De a poco conocerás a tu guagua y reconocerás su llanto. Sabrás si llora por hambre o por cansancio o por dolor. Es impresionante pero de verdad, después de un tiempo, se aprende a reconocerlo. Y sólo tú podrás hacerlo.

Tu cuerpo nunca volverá a ser el mismo. A menos que te sometas a una buena abdominoplastía, es probable que el abdomen plano que alguna vez luciste con orgullo, nunca más lo vuelvas a tener.

Tus pechugas antes perfectas, pueden sufrir dos transformaciones:

  1. Disminuir drásticamente su tamaño al punto de, casi, desaparecer.
  2. Caerse como dos bolas de helado que se están derritiendo.

Considera invertir dinero en un buen sostén push up con relleno o derechamente, considera la cirugía.

Resulta curioso que nadie se refiera a esta etapa de la maternidad. Debería de hablarse para preparar a las futuras madres a lo que se viene. ¿Por qué en los baby showers en vez de jugar a cosas tan absurdas como el pañal con caca de mentira no se toca estos temas?

Mujeres todas: ayudémonos unas con otras. Brindemos apoyo y contención a las madres primerizas que viven esta oscura y solitaria etapa del puerperio.

Se los van a  agradecer.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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