El maltrato nuestro de cada día, aprende a decir no más

La palabra maltrato suena a golpe. A denuncia. A carabineros involucrados. Pocas personas piensan que puede estar mucho más asociado a sicólogos y terapias que a la policía. Si. Porque en el mundo que hoy vivimos existe una agresión constante que puede ser casi invisible. Pasa en los colegios, en los trabajos y dentro de las casas. Sabiendo y conociendo muchos casos de hombres maltratados tanto física como sicologicamente, en esta columna me voy a referir sólo a las mujeres. No porque sean mas o menos  casos. Si no porque es un blog de maternidad. Sólo por eso. Y a la que ocurre dentro de la casa, de parte de la persona que debiese ser nuestro principal defensor.
 Hace un par de años, me acuerdo haber estado sentada en una plaza, y a mi lado una mamá con tres niños chicos que no paraba de llorar. Fue inevitable preguntarle qué le pasaba. Ella, dudó un poco, y me dijo que era la peor mamá del mundo. Me asombré. Era joven, muy bonita, nada de arreglada lo que reflejaba que no tenía tiempo para ella y estaba un día de semana, a todo sol, en ese verano sofocante de Santiago, cuidando a sus hijos.
 Pero, ¿Por qué  dices eso? Le pregunté. Y me contestó algo que me dejó paralizada: porque mi marido me lo dice todos los días.
Yo no lo podia creer. Antes de decirle que qué hacia casada con ese monstruo, respiré, tragué, pensé y le dije: ¿Y tú qué piensas de eso?
La respuesta me hizo fisicamente mal:
 Yo pienso que tiene razón.
 Ese es, sin duda, el principal poder del maltratador. Que convence al maltratado. Que le arruina su autoestima. Que es como un lobo que agarra una presa y no la suelta hasta que la mata. Pensé tantas cosas, quería abrazarla y decirle que no era así, que las mamás somos super mujeres, que se requiere de temple de acero para hacer frente a todo y a todos, pero ella, apurada, secándose las lágrimas, me dio las gracias y fue muy rápido a comprarle un helado a sus niños. Como si lo que me dijo fuese terrible o prohibido. Como si sintiera mucha culpa por reconocerlo. De ahi en adelante empece a fijarme más y vi maltrato en todas partes, a cada rato, todos los días. Creo que las mujeres aguantamos mucho más de lo que debiésemos. Y en la mayoría de los casos es por los hijos. No es normal que sus maridos, les exijan que les tengan comida todos los días si ellos pueden almorzar felices y tranquilos en su oficina mientras nosotras almorzamos paradas y en medio de peleas de niños. No puede ser que toda la responsabilidad de llevar una casa recaiga sólo en la mujer. No es justo que si ambos trabajan ( sólo en la casa, o además algunas afuera) seamos siempre nosotras las que ordenamos, cocinamos, limpiamos, vemos a los niños y toda esa pega  tan pesada e invisible que implica llevar una casa. No hacerlo no te hace mala madre. No te hace mala esposa. No te hace mala mujer. Te hace un ser humano. Alguien normal. Que se cansa. Que necesita su espacio. Que añora el silencio. Que quiere ser respetada. Que espera que los trabajos sean compartidos. Muchas mujeres soportan que las traten de fea, de gordas, de tontas. De maracas pa se pusieron una falda que muestra las piernas. No más. No es justo. No está bien. Nadie se lo merece. Todas tenemos días difíciles, de furia si quieren. Pero eso no te hace una mala madre. Nadie que te quiere puede dedicarse a criticarte. Al contrario, debiese ser tu principal fan. Tu apoyo. Tu contención . Si no lo es, les firmo que su vida seria mil veces mas fácil sin él.  Porque nadie soporta vivir así. El maltrato nuestro de cada día es algo que parte por uno, por no permitirlo, por frenarlo y si no se puede frenar hay que salir de ahi. Sin miedo.  Y nunca olvidar que el enfermo es, sin duda, el que maltrata.
Pamela Porter, periodista

Constanza Diaz

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