El lado B del matrimonio

Te casaste feliz. Ilusionada. Podías, incluso, explotar de amor y alegría. Mirabas a tu marido, tu hombre, TU HOMBRE, y no podías creer tanta suerte. Era tuyo, todo para ti. Ese hombre se había fijado en ti y ahora era tu marido. El mundo te sonreía a más no poder. Tu vida era perfecta. Eras joven, soñadora, estabas enamorada. El sexo. Uffff…el sexo con ese hombre era atómico. Era maravilloso. Alusinabas y reventabas en  mil orgasmos cuando estabas con él.

La vida con él era espléndida cuando de pronto, no te diste cuenta en qué maldito momento, los agarró la rutina y lo que antes era entretenido y nuevo, comenzó a molestarte a más no poder.

Los ronquidos que no te dejaban dormir. ¡Dios! Cómo roncaba el otrora hombre perfecto. Parecía un motor en pésimo estado de mantención. Lo movías, le dabas codazos, le pegabas patadas y ahí seguía él roncando feliz. A sus anchas. Agarraste tu almohada y te fuiste a dormir a la pieza de alojados. Esa pieza que arreglaste con tanto esmero para cuando llegara una visita hasta aquel día que se te dejó caer tu suegra que viajó del norte a verlos y quisiste huir de ahí. La señora metiche. Disponía de todo y te hacía sentir como si tú no supieras nada y fueras una niña de 5 años. ¿Y él? Él rindiéndole homaneja como a una verdadera vaca sagrada. Terriblemente mamón. Insoportablemente mamón.

Y llegaron los hijos y lo comenzaste a odiar un poquito más porque sentiste que la tarea de criar era toda tuya y él sólo se limitaba a ser un simple espectador que jugaba con los niños hasta que se hacían caca y había que cambiarles el pañal, hasta que se ponían a llorar, hasta que se aburría. Y cada vez te pasaba al niño a ti porque él no sabe cambiar los pañales tan bien como lo haces tú, y no sabe hacerlo dormir tan bien como lo haces tú, y no sabe bañarlo tan bien como lo haces tú, y no tiene tetas para alimentar al bebé entonces duerme profundamente a las tres de la mañana feliz de la vida mientras tú intoxicada de sueño con el crio al pecho. El hombre se puso guatón, se puso pelado, olvida tirar la cadena cuando va al baño, deja todo lleno de orina y tu baño huele a zoológico. No recoge su ropa sucia, no le pone la tapa a la pasta de dientes. Deja el plato sucio encima de la mesa del comedor y espera que tú lo lleves a la cocina, que tú lo laves, que tú hagas todo y tú …¡ no eres la Cenicienta! ¿Qué se cree?

El sexo que antes disfrutabas ahora ya ni practican porque no hay tiempo, porque estás cansada, porque llega tarde de trabajar y tú ya estás durmiendo. Se transforma en algo mecánico y aburrido. Piensas en todos los años que te quedan por delante de compartir con este individuo y te da pánico pensar que tienes que estar 30 años más de tu vida escuchando sus ronquidos, peleando por el control remoto, recogiendo sus calzoncillos sucios, tirando la cadena del WC porque él no la tiró.

Quisieras tomar un avión y refugiarte un mes en una isla tropical y dejar a tu marido con los niños para que sepa realmente lo que es criar y llevar una casa. Porque hoy te estás volviendo un poco loca.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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