El embarazo no siempre es una dulce espera y es bueno que lo sepas

Así como la maternidad, el embarazo ha sido idealizado desde siempre. Estsr embarazada puede llegar a ser como la peor de las resecas multiplicada por nueve meses. Terrible.

Yo no sé por qué dicen que el embarazo es una dulce espera. Claro, para algunas puede que lo sea y estoy segura que si lo es, pero para otras, yo incluida, es una tortura de aquellas.

Náuseas, vomitos, retención de líquido, acidez permanente, dolor de espalda, insomnio, dificultad para caminar por el peso del bebé. Cambios de ánimo, mareos, sentirse gorda, hinchada como un balón y con ganas de: ¡Sáquenme a este niño de aquí por favor!

De dulce espera, nada. No me vengan con cuentos rosas. Ni hablar de ir al baño a hacer numero dos. Te invade el estreñimiento, te salen hemorroides y ya no sabes ni qué comer para poder “dar del cuerpo”. Es bastante indigno.

Yo sufrí de muchísima hambre durante todo el embarazo. Era muy angustiante porque nada me satisfacía. Todo el día y toda la noche vivía con hambre. Tenía que dormir con algo para comer en el velador. Eso no era vida.

¿Cómo calmar esa acidez? Tenía que dormir sentada. Además me dieron unas tremendas ganas de comer hielo. No podía faltar hielo en mi refrigerador. Sufrí de anemia. Tuve que inyectarme fierro y comer lentejas como loca.

Me crecieron mucho las uñas y el pelo. Se me hincharon los dedos y las piernas. Me costaba caminar y me daban calambres en la pelvis.

El embarazo tiene su lado B y créanme, no es cualquier cosa.

Constanza Diaz

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