La rebelión de las madres

Somos madres y además somos mujeres, pero a veces lo olvidamos. Adoramos a nuestros hijos y por ellos somos capaces de sacarnos el corazón y los riñones si así lo necesitaran.

A veces nos cansamos, porque la maternidad cansa. Es un trabajo 24/7 non stop. A veces Colapsamos y quisiéramos huir lo más lejos posible.
A Katmandú, por ejemplo.Al más puro estilo Usain Bolt.
Estamos a muchas reencarnaciones de convertirnos en madres Zen.
La paciencia se nos agota y ojalá la vendieran en la tienda de la esquina para recargarla a diario. Sería un producto de alta demanda: la paciencia para una madre.
Se nos agotan las energías y caminamos por la casa como unos verdaderos zombies y no nos reconocemos ni en el espejo. Funcionamos en modo piloto autómatico. Dormimos poco, nos tomamos el té frío y si tuvieramos que escoger entre comer nosotras o neustros hijos, somos capaces de sacarnos la comida de nuestra propia boca para que ellos coman. Porque siempre los priorizamos a ellos por sobre nosotras, está en nuestro ADN de madres, al parecer.

No seguimos corrientes de crianza, ni gurús de moda. No seguimos manuales ni textos que nos dicen cómo hacer las cosas. Rescatamos lo bueno que escuchamos y sabemos que lo estamos haciendo bien. Damos lo que podemos y más. Seguimos nuestros instintos y tratamos de hacer lo mejor posible con las herramientas que tenemos.
Nos caemos, nos equivocamos, pedimos disculpas, nos levantamos, seguimos.
Aprendemos y mejoramos.
Pedimos ayuda e intentamos trener una red de ayuda porque es bien sabido que la crianza en tribu es más llevadero. Buscamos nuestra propia tribu sin que nadie nos juzgue y lance a la hoguera por dar una mamadera con fórmula o por salir a tomarnos un café con las amigas. Por regresar al trabajo o por poner a nuestros hijos en un centro de acrividades.
Pensábamos que sabíamos lo que era ser madre. Leímos manuales y creímos habernos informado bien, pero la verdad, no sabíamos nada.
Bienvenida a la dimensión desconocida de la maternidad adonde tu vida nunca volverá a ser como alguna vez la conociste.
Nos quejamos, lloramos, reímos, amamos, disfrutamos y pedimos tiempo para nosotras.
Porque es justo y necesario.
A veces nos deprimimos y nos cuestionamos si seremos capaces.
Pero no se lo decimos a nadie. Porque la sociedad te sentencia, te juzga y te crucifica si pudiera. Te lanzan a la hoguera sin mediar diálogo ni juicio. Porque estamos, lamentablemente, rodeadas de madres perfectas e impecables. Madres que no se cansan, que no se aburren criando entre cuatro paredes sin ni quisera salir a comprar el pan. Madres perfectas en términos de alimentación y psicología infantil. Porque paerciera que estuvieran regresando de harvar con 50 doctorados encima sobre crianza perfecta.
Una madre, pareciera, no tiene derecho a flaquear, a quejarse, a colapsar.
La maternidad es así: bipolar. Como la vida misma. Días grises, días soleados y días que quisieras hacer desaparecer.
Somos madres perfectamente imperfectas, no sentimos culpa por dar una mamadera con fórmula si es necesario y tampoco sentimos culpa por querer estar una tarde a solas. Sabemos que la lecha materna es lo mejor para nuestros hijos y para nosotras porque incluso, disminuye las probabilidades de desarrollar cáncer de mama a futuro, pero si no se pudo, bienvenida la leche en tarro: no es veneno. no mata. no hace niños tontos.
No nos creemos el cuento de las madres felices y perfectas de la publicidad de pañales que aparece en la televisión.
Somos guerreras. Muchas criamos solas. Nos gusta desahogarnos y tener un espacio adonde no nos critiquen por haber puesto a nuestro hijo un chupete o haberlos puesto a dormir en su cuna plack&play.
Somos fuertes aún cuando pensamos que no podemos más.
Siempre podemos. Somos luchadoras, sacamos a nuestros niños adelante aún cuando el cansancio nos invade yabruma. Soñamos con una cura de sueño. Soñamos con una playa para descansar. Nos gusta tener una cerveza helada en el refrigerador para cuando llega la noche y los niños se duermen. Y eso, no nos convierte en alcohólicas. Nuestra hora favorita es cuando se duermen y podemos descansar. Aunque sea un par de horas. Y no nos da culpa confesarlo.
En el Club de las madres perfectamente imperfectas, nos acompañamos, nos escuchamos y nos aconsejamos.
Nos desahogamos.
Somos power. Somos mujeres. Salimos adelante. Aún cuando creemos que nunca vamos a salir, salimos. y sobre todo, nos importa un pepino lo que digan de nosotras. Mientras sepamos que lo estamos haciendo bien y nuestros hijos estén sanos y felices, el resto, nos vale madre. Criamos sobre la base del amor y los valores del respeto y cariño. El resto, para nostoras, acá en la rebelión de las madres, es pura paja molida.
Bienvenida al Club de las madres perfectamente imperfectas.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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