Usar chupete: el mejor consejo que me dieron antes de parir

El pacificador, como le dicen muy sabiamente los gringos, es un invento maravilloso de gran ayuda para la madre y la familia entera.

-Lleva chupetes a la clínica cuando vayas a tener a tu guagua- me dijo una amiga pocos días antes de parir. Fue uno de los mejores consejos que en términos de maternidad me han dado. Apenas nació mi Tomás, le puse tete y lo usó hasta los tres años. Hoy en día tiene 5 y en sus revisiones con el odontólogo no ha tenido problema alguno. Yo, hace 43 años atrás, también usé chupete y nunca me pusieron frenillos.

Como dato.

Hay guaguas que no quieren tetes. Y se reúsan a aceptarlo. Esos padres hacen grandes esfuerzos para enchufarle el aparato. Intentándolo una y otra vez con el objetivo de que lo acepte y lo chupe y se calme y todos puedan descansar por unos cuantos minutos. Pero el pequeño no siempre lo quiere y lo escupe tres metros más allá ante la frustrante mirada de los progenitores, porque lo que el niño quiere es el chupete materno. El quiere chupar el original y no el sucedáneo. Obvio. Pero resulta que la madre, digamos las cosas por su nombre, está aburrida y cansada de tener que sacar la pechuga cada vez que el niño llora, tiene sueño, tiene hambre o tiene cólicos. Cada cierto rato, vamos sacando pecho para que la guagua se calme: estén adonde estén y sea la hora que sea. La mujer está destruida y el bebé ya tiene más de ocho meses. Quiere libertad. Necesita salir, trabajar, ir al banco, dar una vuelta a la manzana. Pero no puede. Porque se aleja una cuadra de la casa y la llaman al celular porque su hijo está llorando y no se tranquiliza con nada. Entonces corre de vuelta a poner la pechuga.

Después de muchos intentos frustrados, la guagua acepta el aparato dado que se dio cuenta que no tenía opción y mejor chupo tete que nada.

Conclusión: mientras antes lo acostumbren a usar chupete, mejor.

Durante la noche, si el pequeño duerme y se da cuenta que se le ha caído su tete, romperá en llanto y la madre deberá correr a ponérselo. Ocurre que, a veces, no encuentra el chupete y el bebé chilla y no aparece. La familia entera en cuatro patas buscándolo por todas partes. Hasta adentro del refrigerador. Entonces sale el padre en piyama y semi dormido, a medianoche, rajado en el auto a buscar una farmacia de turno a comprar un tete.
Regresa a la casa con 10 iguales. Orgulloso el hombre. Porque está siendo precavido. El bebé sigue chillando y la madre lo pasea con cara de loca por el living. Le ponen el chupete pero no, la guagua lo escupe.
-¡Este no es el que le gusta!
Grita la mujer desconsolada.
Corre el padre nuevamente a la farmacia a comprar la marca que a su hijo le gusta. Cuando regresa, el pequeño se durmió en los brazos de mamá.
En resumen, siempre hay que tener chupetes de repuesto y en las noches, siempre uno en el velador. Porque va a despertar de madrugada, eso es seguro y va a exigir su tete. Generalmente cuando duermen se pierden y se caen al suelo y se enredan en las sábanas.
Conclusión: Siempre hay que tener tetes de repuesto.

A mí el chupete me facilitó los primeros años de crianza. Lo encuentro un invento espectacular. Comprendo que hay padres que no quieren usar tetes con sus hijos. Pues yo si tuviera otra guagua, le pongo su chupete antes de ponerle el pañal.

 

Constanza Diaz

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