Dieta del amor

Mi nombre es Daniela Meza, soy de Resistencia, Chaco, Argentina. Mamá de 3 peques: Valentino (5 años), Umma (casi 3 años) y Lucía (la más peque de 3 meses.
Lucía nació el 26/03/18 por cesárea programada. 39 semanas de gestación, 3,450 kg y 49 cm. Todo Perfecto y maravilloso como sus hermanos. Yo, fanática de la lactancia materna y esa hermosa conexión que nos permite con nuestros hijos.
Cuando el meconio desapareció, su caca era siempre líquida, con mocos y grumos blancos. Al principio creí que era normal y pasajero, que era la transición hasta llegar a la caca normal. Pero con casi dos meses la cosa seguía igual. Un pañal que por fuera era completamente marrón, como si estuviera hecha hasta hasta la coronilla, pero cuando lo abría, solo encontraba un poco de mocos y grumos. Nada más.
Una semana antes de entrar a los dos meses, además de encontrar mocos, encontré unas pintitas de sangre.
Me aterré.
Fuimos al especialista e  hicimos análisis. El resultado fue: “un supuesto proceso infeccioso” e indicación de antibióticos. Imagínense la culpa. ¿Cómo una bebe de 2 meses se contagiaba una bacteria tomando solo leche materna?
Entonces una doctora me explica que cuando la caca tiene mocos es porque el intestino está irritado. Y una lucecita de alarma se encendió en mi cabeza, porque en realidad su caca tenía mocos hace rato.
Cuando uno le pregunta al buscador de internet “caca con mocos en bebés” aparece como respuesta Alergia a la Proteína de Leche de Vaca. Entre otros síntomas también figuran erupciones en la piel, cólicos, irritabilidad, vómitos, entre otros. Pero mi niña, según mis ojos, no tenía nada de eso. Solo Caca con mocos. Pero ya mi cabeza me decía que algo no era normal.
Unas semanas después, vuelvo a ver unas pintitas de sangre en su caca y el instinto maternal terminó de decirme que esto no estaba nada bien.
Recordé entonces que entre las madres del jardín había una de ellas que es Pediatra especializada en gastroenterología. Así que decidí mandarle un mensaje y coordinamos un encuentro para revisarla.
En el consultorio, me hizo algunas preguntas. Vio su pañal y tocó su pancita que estaba dura como una piedra. Y me dijo, “tiene varios síntomas que indican Alergia a la Proteína de Leche de Vaca”. Resultó ser que cuando yo creía que había tomado mucha leche y por eso me vomitaba un poco, en realidad era un sintoma. Su pancita dura también.
A pesar de todo, Lucía aumentaba muy bien de peso, crecía y era (y sigue siendo) una nena súper tranquila, con muy buen sueño y muy poco llanto.
La doctora me explicó entonces que hay dos tipos de Alergia, una mediada por IgE, que puede detectarse con un análisis y da síntomas más reactivos, como las erupciones en la piel y problemas respiratorios y otra mediada por células T que se manifiesta más que nada con síntomas gastrointestinales como mi Lucía, que no puede detectarse con un análisis.
Me tocaba entonces arrancar una prueba de diagnóstico terapéutica, la que consiste en hacer una dieta estricta sin lácteos ni derivados por 3-4 semanas. Si ella mejora transcurrido ese tiempo, se vuelven a incorporar los lácteos, y de haber una recaída recién ahí se confirma el diagnóstico.
¡Uf! Todo un desafío para mi que los lácteos son mis preferidos, pero dicen que una todo lo puede cuando se trata de los hijos. Por lo tanto, arranqué con la dieta. Lo primero que desaparecieron fueron los mocos y grumos benditos pero su caca seguía siendo muy líquida. Pasadas 3 semanas seguía así. Y un poco empezaba a frustrarme. Pero me empeñé y dije esto no puede ganarme. Hice una semana más y un poco más estricta y adivina qué, ¡Lo logramos! A dos días de cumplir 4 semanas de dieta Lucía hizo su primera caca normal y yo no lo podía creer. Por supuesto que los ánimos y las ganas de seguir volvieron a mi.
Para lograrlo investigué un poco en internet. Encontré un documento súper interesante de la Sociedad de Pediatría Argentina donde indicaba cómo leer las etiquetas de cada producto para saber si la proteína podría estar presente. Me encontré que miles de productos traen la proteína escondida entre conservantes. Básicamente lo más sencillo es elaborarlo todo en casa, optar por la comida sana y asegurarnos de que no contiene ni una gota de leche. Aún asi, he encontrado muchos productos sin leche como los cereales y otros para acompañar las tardes.
En ese documento que digo, también especificaba como un posible síntoma el letargo (“Estado de cansancio y de somnolencia profunda y prolongada, especialmente cuando es patológico y se produce a causa de una enfermedad”) algo que si caracterizaba a mi Lulú. Dormía mucho. 5 horas por cada mamada y tampoco me parecía normal, aunque si muy beneficioso,  ¿no? Sobre todo siendo madre de tres.  Pero eso también cambió automáticamente cuando comencé la dieta.
Así que a todas las madres que amen tanto la Lactancia Materna como yo les digo ÁNIMOS Y ADELANTE. Nosotras somos grandes guerreras y si queremos podemos hacerlo todo por el bienestar de nuestros hijos. Y cuando crean y estén convencidas de que algo no está bien con sus bebés CONFÍEN EN EL MARAVILLOSO INSTINTO MATERNAL que raramente se equivoca.
Saludos y besos gigantes de una mamá FELIZ y ORGULLOSA de sí misma por los logros obtenidos.

Constanza Diaz

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