De cómo una clase de yoga me cambió la vida para siempre

Por Pamela Porter, periodista
Soy muy hiperactiva.
 No tengo tiempo.
 Soy tiesa.
 Me voy a aburrir.
 Podemos encontrar mil excusas para no hacer o conocer algo nuevo. La voluntad es tan relativa. Y en el caso de yoga más aun porque sepan ustedes que: uno no elige hacer yoga. Yoga te elige a ti. Cuando estés realmente preparado. Y cuesta años comprenderlo.
 Yo era de correr, de gimnasio, de moverme todo el día y obviamente de darle Mil vueltas a las cosas. Porque contrario a lo que uno cree, la paz se conoce en la calma.
 Fui literalmente obligada a mi primera clase de yoga. Producto de una lesión , el traumatólogo pensó que era lo más adecuado y yo no muy convencida fui, pensando que me encontraría con abuelitas rezando y que me aburriría terriblemente.  ERROR.
Lo primero que llamó mi atención fue la calma de todos quienes estaban en la sala. La mirada de paz. Las pausas al hablar. La total desconexión  del telefono, del auto, del trabajo. Yo era un ventilador al lado de ellos. Y el silencio. Mucho silencio.
Una vez que empezó la clase fue mi shock. Estaba tan absolutamente tiesa que las abuelitas que yo miraba a mi lado eran un pretzel para mi. Impactada traté de seguir las posturas más simples sin éxito. Me desconcentraba  y desesperaba cada vez más. Y obvio , estaba haciendo justo lo que después de aaaaños de yoga uno aprende que NO debe hacer, empezó mi mente a mil: No puedo. Esto es ridiculo. No sé qué hago acá. Y compararse. Mirar al lado. Cuando cada camino es único. Imagino que el 99% de la gente que se siente así, arranca y no vuelve nunca más. Pero una frase del profesor me hizo quedarme: yoga es igual que la vida. Cuando se pone dificil uno solo quiere arrancar. Y lo que uno debe hacer es justamente lo contrario. Quedarse.
 Me quedé a esa clase.
 Y a las siguientes 300.
 Y hoy es parte importante de mi vida.
 Me dio la lección de humildad más grande de todas.  Porque con el tiempo te das cuenta que las posturas no importan nada. Que ese ser convertido en pretzel puede estar pensando en la ropa que no lavó, en las lentejas que no remojó o en la reunión espantosa que tiene en unas horas más ( que luego se suspende y se preocupo por nada), mientras tú, en tu inútil esfuerzo de tratar de poner una mano en el suelo estás totalmente ahí. Presente. Respirando. En ese momento. Ni en el pasado ni en el futuro. Aprendiendo las lecciones más duras de tu vida. Mirándote por fin por dentro y nada de lo que pasa afuera importa más. Y ahi se produce la magia. Ese espacio en el que por fin te das cuenta que toda la felicidad y tranquilidad que siempre buscaste afuera estaba tan cerca. En tu corazón. En callar tu mente. En fluir y no resistirse. Porque al igual que en la vida, la postura comienza cuando te desesperas, cuando quieres salirte de ella. Es como la maternidad. Mientras los niños están tranquilos¿ es facil  no? Estás en paz. Y todo fluye. Pero cuando todo se pone difícil, cuando más gritan, cuando más cansada estás, cuando quieres llorar. En ese instante es cuando más necesitas tu paz. Es ese el momento donde tienes que sacar lo mejor de ti. Y es difícil. Es lo mas difícil del mundo. ¿Pero quien dijo que pararse de cabeza era fácil? . Y créeme. En 5 clases lo estarás haciendo. Porque así como la vida, yoga no es para gente excepcional. Es para gente normal, que quiere darse una oportunidad honesta y difícil de partir en un camino que puede hacer de su vida algo excepcional.
NAMASTE

Constanza Diaz

Perfectamente imperfectas es un lugar para mujeres reales, sin filtro. Un lugar de información, desahogo y entretención. Perfectamente imperfectas es una revista digital con noticias, actualidad, tendencias, columnas y mucha información de vanguardia para las mujeres que se atreven a decir lo que piensan. Las cosas tal y como son. Sin maquillaje.

Pin It on Pinterest