Cuidado con el whatsapp y a quién se lo mandas

Tengo muchos grupos de whatsapp. Demasiados. De la familia. Del curso de mis hijos. Del colegio adonde estudié. Del grupo bacán del colegio,  de las mujeres del curso del colegio. De la familia. De las amigas de la universidad, del condominio adonde vivo. De las solteronas y cuarentonas (nombre del grupo en cuestión), de las locas de patio, de la tabla del uno (por lo fácil que somos para juntarnos con cualquier excusa). Y así la lista sigue y crece cada día porque cada día se arma un grupo nuevo: del cumpleaños que se viene, de la salida a almorzar, de las clases de tenis de mis niños.

La cosa no para. Crece como bola de nieve. Por cada evento, pelambre y cada suceso, nace un nuevo grupo de whatsapp. Sálvese quien pueda.

El problema de tanto grupo, además de que suena el teléfono cada minuto cuando llega un nuevo mensaje, por eso mejor poner algunos en silencio por un año (sí se puede), es equivocarse de mensaje y mandarle al grupo del curso el mensaje hot que le quieres mandar a tu marido/novio/amigo con ventaja.

Eso sí que es terrible. Es casi tan terrible como que tu madre te pille teniendo sexo. O peor.

Un mensaje del tipo:  llega temprano, tengo ganas de tener sexo.

Enviar ese mensaje propiamente tal al grupo de catequesis de tu hijo sería, en pocas palabras, horroroso. Fatal. Para cambiarse de colegio, de barrio. De ciudad. Y pasan, esas cosas pasan. Conozco un caso muy vergonzoso: el padre un tipo exitoso y muy preocupado de su “imagen”, le pasó el teléfono a su hijo de 6 años para jugar. Como lo hace la mayoría de los padres. El niño en cuestión agarró el teléfono y comenzó a mandar fotos de su madre en situaciones bastante, digamos, íntimas. Imagínense ustedes. La pareja había tenido una noche de aquellas el día anterior y el hombre había grabado algunos episodios y sacado una que otra foto a su mujer en plena acción. Las fotos fueron enviadas por el hijo a clientes importantes y el hombre se quería literalmente morir. La mujer también.

En otra oportunidad, una amiga muy querida, estaba regañando a su hijo de 9 años y entre gritos y amenazas le decía que apagara la televisión. El hijo no la quería apagar y ella dale que dale diciéndole: que apaaaaaaaaaga la tele.

Cuento corto: la hija menor de mi amiga estaba grabando la “conversación” y procedió a enviarla al whatsapp del curso. Ese grupo de madres perfectas que todo lo saben y todo lo hacen, valga la redundancia, perfecto.

La grabación de mi amiga gritando a su hijo para que apagara la tele se fue a 30 apoderados que dichosos seguro la escucharon.

Muchos amantes también han salido pillados con esto de los mensajes. En vez de mandarle el mensaje a su esposa resulta que se lo mandó a la amante y estalla la tercera guerra mundial. El marido sale pillado, lo echan de la casa, la amante no lo quiere recibir. Un desastre.

Con respecto a los whatsapp del curso de los niños, con todo respeto, por dios que son aburridos.  Manda alguien una foto de los niños en su actividad de la mañana y ahí salen más de 30 madres respondiendo: gracias, gracias, gracias, qué lindos, qué tiernos, qué encantadores.

Lo mismo pasa con la tarea. ¿Qué hay que hacer? Juanito no entendió. ¿Ustedes saben? Y ahí contestan 35 madres seguidas: hay que recortar, hay que pegar, hay que leer, hay que escribir. Hay que dibujar. Hay que estudiar el capítulo dos.

Me pregunto yo: ¿Cuál es la necesidad de que todas contesten?

A María se le perdió su gorro. ¿Lo han visto?

Y ahí parten todas: ¿Cómo era? Lo voy a buscar. No lo tengo yo. Yo tampoco. Acá tampoco. No lo encontré. ¡Mierda! ¡Paren! No es necesario que CADA UNA conteste diciendo que NO lo tiene. Basta con que conteste la que lo tiene.

Lo mismo cuando avisan una reunión de apoderados o un trabajo que tienen que llevar los niños. Ahí parten con el chorizón: gracias, gracías, gracias, gracias….30 y tantos gracias en menos de una hora. Qué locura.

Hay que tener mucha paciencia con los grupos de whatsapp. La tecnología nos puede jugar malas pasadas. Sobre todo cuando es tanta la información y la comunicación. No es difícil equivocarse por eso yo les recomiendo: tengan muchísimo ojo con lo que mandan y a quién mandan. Revisen tres veces antes de hacerlo. No vaya a ser cosa que envíen una foto de ustedes en pelota (esa foto destinada a sus parejas para encender el ambiente para la noche)al curso de sus hijos. Eso sí que sería horrible. Causal para cambiarse de colegio. O de ciudad.

Constanza Díaz Hauser

 

Constanza Diaz

Perfectamente imperfectas es un lugar para mujeres reales, sin filtro. Un lugar de información, desahogo y entretención. Perfectamente imperfectas es una revista digital con noticias, actualidad, tendencias, columnas y mucha información de vanguardia para las mujeres que se atreven a decir lo que piensan. Las cosas tal y como son. Sin maquillaje.