Carta a mi hijo que prefirió no nacer

Tres semanas y tres días

Quiero escribirte esta carta porque ahora esclo único que puedo hacer. Creo que sólo así podrás escucharme y saber cómo me siento cuando pienso en ti.

Hace nada más que tres días yo creía que mi voz viajaba a través de mi sangre hasta la tuya y hablábamos. Estaba convencida de que hablábamos. Yo te escuchaba o creía escucharte. Pero no, hace tres semanas dejaste de crecer. Hace tres semanas ya no estás conmigo. Hace tres semanas has muerto. ¿Cómo pude no darme cuenta!

Ahora cargo con tu masa inerte, soy una especie de ataúd.

Antes de saber que ya no crecías, todos los días me imaginaba como habría sido nuestra vida juntos. Imaginaba también qué parte de tu cuerpo se estaba desarrollando en el momento en que te pensaba. “Quizás qué estaba haciendo mientras tus manos se convertían en manos”. Nunca llegaste a tenerlas.

Aún sigues dentro de mi y no se si quiero que te vayas. En pocos días más te sacaran de mi cuerpo. Vaciarán mi ùtero. No tengo las más mínima idea de lo que pasará después. Cuando definitivamente ya no estés.

¿Hubo algo que te asustó? ¿Cuál fue el problema? ¿Por qué dejaste de crecer? ¿Por qué preferiste no nacer? No puedes responderme pequeñito mío. Llegaste a medir 12 mililitros, cuando te saquen de mi no habrá nada que se asemeje a una persona. No serás más que un coágulo de sangre muerta.

Durante las ocho semanas que pasamos juntos hubo momentos en los que pensé que quizás no estaba todo bien. Dabas pocas señales de vida. Yo tenia pocas nauseas, nada de mareos, ya no me dolían los senos aunque seguían muy hinchados. Habían síntomas que delataban tu existencia, pero eran suaves y fueron disminuyendo hasta que dejé de sentirlos. Pensaba que eras un buen niño, pero en un momento la idea de que hubieras muerto rozó mi mente, así como un alfiler que pincha y que duele.

La doctora me dijo que abriera las piernas. Se sentó en el borde de la camilla, me echó un gel azul y frío en el vientre y apenas saliste en la pantalla del monitor ella apretó sus labios y alcancé a escuchar un leve “mmmm”. Supe que algo andaba mal. En seguida me dijo “no te tengo buenas noticias” miré la pantalla con miedo, no me atrevía a ver lo que ella estaba viendo. Me volteé hacia el monitor y me pareció ver dos bolitas, pensé que eran gemelos y que dos bebes no podían ser una mala noticia. Pero eso no era verdad, había algo más y mi mente intentaba desesperadamente desviar la linea de la razón. “el desarrollo se ha interrumpido. El embrión dejó de crecer hace tres semanas y tres días”. Un peso enorme cayó sobre mi, no podía mover ni los brazos ni las piernas. ¿Pero qué estaba diciendo? Si hasta hace 1 minuto yo hablaba contigo. ¿Que voy a hacer ahora sin ti?”

Durante las ocho semanas que duró el embarazo, varias veces me pregunté si ya te amaba. ¿En qué momento nace el amor? Sentía que tenia que protegerte para que crecieras bien, pero no estaba segura si eso que sentía fuese amor. Ahora sé que nuestro amor existía desde siempre y se manifestó en el momento en que sentí tu presencia. ¿Recuerdas ese almuerzo familiar? De repente te sentí, no fue algo físico, fue mi corazón que se conectó al tuyo. Algo en mí se había roto en dos, como una roca que se descuaja durante un terremoto. En ese exacto momento el amor me invadió. Y no se cómo hacer para que ahora ese mismo amor deje de dolerme tanto.

Mariana Diaz, Periodista

Constanza Diaz

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