Cuando mi suegra fue mi peor enemiga

 

Una vez tuve a una suegra que era una vieja de aquellas. Era odiosa y metiche la veterana a más no poder.
Se hacía la mosquita muerta y quería que todos giraran en torno a ella. Hablaba así bien despacio, como susurrando y todas las palabras las terminaba con ito.
El cafecito, el chocolatito, el autito, la manzanita.
Su hijo era un mamón. Idolatraba a la vieja.
Mi suegra era una vaca sagrada. Nadie la tocaba, nadie le llevaba la contra. Nadie le decía nada porque pobrecita.
Cada vez que me veía aparecer, a la señora le cambiaba el caracho y ponía cara de culo. Esperaba a su hijito con sus comidas favoritas: cazuelas, sopaipillas, postres de leche y a mí con suerte me tiraba un pan con mantequilla.
El hermano de mi pololo, mi cuñado, tenía una polola que era alta y rubia y la viejuja la amaba.
Yo me sentía podrida de mal porque todo era para ella y yo a la casa del perro.
Sólo porque ella era alta y rubia pelolais y yo baja y pelo más bien castaño con frizz.
Por supuesto que la relación con mi pololo/novio/enamorado se fue en picada al fracaso porque con su mamá nos odiábamos y él siempre tiraba para el lado de ella y nunca para el mío.
Yo quería y luchaba para que dejara de ser mamón. Pero esa lucha sólo nos llevó al fracaso como pareja porque créanme, esa lucha es casi imposible ganarla.
El tipo es y será siempre un mamón de aquellos. Me terminó odiando y yo a él.
Es que un tipo mamón y que se haga el bebé con su mamá y que la mamá se haga la bebé con él, es por lo bajo, enfermante.
Yo les digo, los mamones no cambian y las suegras que son unas viejas de mierda, tampoco.

Constanza Diaz

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