Cuando me preguntan si trabajo

-¿En qué trabajas?-  me preguntó.

-Soy mamá- le respondí.

-Sí sé, pero tu trabajo, en qué trabajas- volvió a preguntarme.

– Soy mamá, ¿te parece poco trabajo? Soy mamá las veinticuatro horas del día y los 365 días  del año. No recibo sueldo. No tengo días de descanso.  Duermo poco y estoy siempre pendiente de mis niños porque desde que nacieron mis horas de sueño se han visto drásticamente disminuidas y se me activó un sensor que sólo las madres tienen que me hace despiertar al más mínimo ruido. Doy pecho, cambio pañales, lavo potos, me preocupo de la casa y las comidas, llevo a mis hijos mayores al colegio. Los ayudo en sus tareas y a estudiar. Voy a las reuniones de apoderados, soy la tesorera del curso de mi hija, soy psicóloga cuando alguien llora y está triste. Lo abrazo y le seco las lágrimas y aunque nunca pasé por una facultad de psicología, ejerzo el rol bastante bien. Soy enfermera de mis niños cuando se enferman. Curo sus heridas y limpio las sábanas y sus ropas cuando vomitan. Soy especialista en bajarles la fiebre y saber si se sienten bien o mal con sólo mirarlos y tocarles la cara. No necesito un termómetro. Jamás pasé por una facultad de enfermería pero sé cuando mis niños no están bien y sé muy bien lo que tengo que hacer para que se sientan mejor. No soy maestra pero les enseño las letras y aprendemos con entusiasmo sobre los 8 planetas del sistema solar. Sabemos que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años atrás probablemente por la caída de un meteorito y sabemos que la barrera más grande de arrecifes de coral está en Australia. Jamás pisé una facultad de educación pero a mis niños les enseño todo lo que sé y más. Leemos por las noches y aprendemos cada día más. Cocinamos juntos y no soy chef. Hacemos cup cakes y los decoramos con chispitas de chocolate y de colores. No soy pastelera pero para sus cumpleaños les preparo pastel de chocolate con dulce de leche y crema y nos queda delicioso. Jugamos a las escondidas y aunque no soy futbolista y nunca he jugado a la pelota, jugamos fútbol juntos y cada vez que metemos un gol nos abrazamos como si estuviéramos en un mundial.  Nos acurrucamos para dormir y cuando finalmente se duermen, preparo sus colaciones, reviso sus agendas del colegio y ordeno sus uniformes. Cuando tienen miedo los acojo, cuando se caen los insto a levantarse solos para que aprendan autonomía y tengan seguridad en sí mismos. Visitamos museos y aunque no soy científica ni estudié biología,  aprendemos sobre la ranita de Darwin y el Loro Choroy. Sobre el Cóndor y los animales en extinción.

Soy madre, soy psicóloga, soy maestra, soy científica, soy enfermera, soy entretenedora, soy amiga. Mi trabajo es el trabajo más duro del mundo. El más arduo. No hay trabajo igual. No hay trabajo que le haga el peso al trabajo de madre. Una madre no conoce feriados ni horas de descanso. Una madre no sabe de fines de semana ni tiene vacaciones de su trabajo de madre. Una madre siempre tiene la mente puesta en sus hijos y aunque se agote, no puede ni quiere renunciar porque son sus niños la mejor recompensa para tan tremendo y monumental trabajo.

-Sí trabajo, soy madre. Y es el trabajo más importante del mundo porque estoy formando seres humanos para el futuro.  La responsabilidad de mi trabajo es inmensa- le respondí. Él me miró y me pidió disculpas. Probablemente avergonzado.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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