Crisis de angustia y cómo aprender a manejarlas

Por Natalia Martini-psicóloga clínica

Crisis de angustia, esa sensación de miedo intenso, de estar en peligro. Se acompaña de sensaciones corporales: palpitaciones, sensación de ahogo, sudoración, temblores. Algunos llegan a pensar que se van a morir, que están a punto de sufrir un paro cardíaco.

Se pueden generar por situaciones esperadas, como por ejemplo si estás en lugares cerrados adonde no puedes salir (un ascensor o un estancamiento en el tráfico),  o producirse de forma repentina, sin ninguna explicación o aviso.

Pese a que es una experiencia sumamente difícil y que provoca mucha incertidumbre, extrañeza de uno mismo y por consiguiente más miedo, es probable que muchas de nosotras vivamos alguna crisis de angustia aislada en nuestra vida y no debemos alarmarnos.

Sin embargo, si las vives de forma recurrente, inesperada, seguidas de miedo permanente por sufrirlas nuevamente, debes consultar a un especialista. Esto  lleva a aislarse, evitar salir o reunirse con otras personas y cambiar nuestro comportamiento habitual, pueden sugerir la aparición de un trastorno de angustia, una enfermedad que requiere tratamiento y apoyo médico y psicológico. Cuando la crisis te paraliza tu vida y te limita en tus funciones habituales es señal que hay que consultar porque no es muy difícil que se te quite sola.

Frente a una crisis de angustia lo más importante es buscar la forma de comunicar lo que uno está sufriendo para poder pedir ayuda, alguien que pueda apoyar una respiración rítmica y profunda (contar hasta 3 para inhalar y exhalar), que entregue sensación de seguridad y confianza y que pueda entregar elementos que resultan reconfortantes (un vaso de agua, un abrazo).

Si estás sola lo importante es buscar un lugar donde poder sentirse relativamente seguro como alguna habitación de la casa, un lugar poco concurrido o sin movimiento (parar el auto, bajar de la micro si es posible), practicar la respiración profunda y recordarse que es una crisis, una situación pasajera y que con los minutos desaparecerá.

A menos que exista indicación médica hay que evitar automedicarse, aunque sean fármacos dados por la amiga o vecina, que a otros les resultaron, pueden generar un desequilibrio grave en el organismo y hacer que las crisis sean más intensas o recurrentes. Es muy común que un amigo o alguien conocido te “regale” un medicamento que a él le funcionó. Esto sin supervisión médica es un error porque puede generar dependencia y jamás hay que tomarlos sin ser vista antes por un médico.

Si sientes que es algo que sufres regularmente y no te deja hacer tu vida como siempre lo haces pide ayuda, hay buenos fármacos para sentirse tranquila y buenas terapias psicológicas para aprender a prevenir y manejar las crisis. Una buena alternativa para sentirse mejor es practicar algún deporte. La práctica del yoga por ejemplo ayuda enormemente a las personas que sufren de criris de pánico, estableciendo una armonía natural entre mente, cuerpo y espíritu. Nunca está de más intentarlo.

 

Constanza Diaz

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