Criar sin tribu

Por Pía Quezada Prado

He escuchado y leído muchas veces que después del parto los amigos desaparecen lentamente, te visitan en la clínica o en casa y luego brillan por su ausencia.  Los motivos pueden ser muchos, no te quieren molestar, les da lata escucharte hablar sólo de la guagua (aunque no te lo dicen) , ya no sales, ya no tomas , ya no tienes vida social, de pronto ya no eres entretenida, eres sólo madre. Al principio se necesita  tranquilidad para acostumbrarte a los ritmos de un recién nacido, las que pueden duermen, las que tienen suerte son regaloneadas por la familia  y la ayuda de las abuelas o tías es una verdadera bendición. Pero no todas están acompañadas, al pasar los días y las semanas estás cada vez más cansada, casi no sales de la casa, y el contacto con otro adulto que te recuerde cómo era tu vida antes de estar tan ocupada siendo madre es esporádico, las invitaciones no llueven y las visitas tampoco. A veces sería maravilloso que alguien te visite y por dos horas se encargue de tu guagua  y tu pudieras dormir o salir de compras sola.

Es como si de repente te volvieras una persona non grata por haber parido, , imaginense si ese parto es el número 5… ya casi eres  poseedora de una enfermedad contagiosa porque los que se te acercan son cada vez menos y es  cuando más los necesitas.

Me falta la tribu…mi tribu.

Vivo en Alemania con mi marido y  mis cinco hijos, mi familia y mis amigos están en Chile, las grandes amigas que conocí  acá , ahora viven lejos, de hecho,  una de ellas volvió a Chile porque no agunto estar sin su familia, la busqueda de la tribu la llevó de vuelta a sus raíces.  Si bien,  tengo buenos amigos y vecinos, no es los mismo, estoy segura que si le dijera a mi mamá en Chile que iré a almorzar con los cinco niños el domingo se pondría feliz, aca eso no  sería considerado una visita sino una invasión. Me encantaría decirle a mi amiga, en una hora estoy allá prepara los mojitos o decirle a mi prima si se puede quedar con los niños un par de horas porque quiero salir sola.

Mi realidad es bien diferente, organizo todo con mi marido,  tengo la suerte de tener un  par  de increíbles baby sitter que se quedan con los niños o los llevan a alguna parte cuando es necesario. Pero me falta la tribu, extraño mi tribu, trato de ser organizada, de lo contrario sería imposible, trato de que el día sea productivo pero siempre me faltan horas y me sobran cosas que hacer, trato de mantener el contacto con mis amigas , que también están estresadas, , trato de tener un poco de tiempo para mi, pero por el momento soy feliz con ducharme  sin salirme rápidamente con el  shampoo en la cabeza porque  algo pasó o por que alguien llora , o ir  al baño 5 minutos sin que alguien golpee la puerta o  te mande papelitos por abajo. Es  caótico, agotador , demandante, estresante,  a veces me encataría quedarme acurrucada y no saber de nada, me gustaría llamar a mi tribu, enviar un SOS y ser rescatada.

Sé que todo mejorará, los niños crecen y aprenden muy rápido, me río con ellos,  me entretienen, me asombran, me enseñan , me sacan canas de todos colores pero me matan de amor. El  extrañar a  la tribu no tiene  sólo que ver con que alguien me ayude con esto de la crianza, sino también  con compartir lo maravilloso que los niños nos entregan día a día, que las personas que nos quieren esten presente  y formen parte de su mundo,simplemente que ese  cariño se traduzca en más abrazos.

Las que gozan de ese círculo que contiene y que está presente,  deberían  sentirse afortunadas y agradecidas, sean también parte de otras tribus, busquen la propia, quieran , solidaricen, pónganse en los zapatos del otro sin criticas , de eso ya tenemos demasiado, aportemos en amor, acompañemos a otros a acompañar.

Pia Quezada Prado

Constanza Diaz

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