Cosas que sólo las madres de niños saben

Ser madre de niños es sinónimo de diarias sorpresas, alegrías y dolores de cabeza.
Los niños son deliciosos. Simples. Alegres.
Se complican con muy pocas cosas.
Un hijo es el amor de la vida de una madre. Porque es un amor fiel. Infinito.
Hasta que no tienes un hijo no sabes lo que es el amor incondicional y sin límite alguno.
Aunque te saquen canas verdes.
Sólo las madres de niños saben lo que es escuchar continuamente palabras tales como: pene, caca, peo, flato, pipí.
Porque para ellos es la diversión total.
Tirarse un peo es sinónimo de ataque de risa.
Lo mismo ocurre con los flatos.
Hasta competencia de flatos y peos hacen y les resulta casi más divertido que un viaje a Disney.
Y el pene.
¡Guau!
El pene merece un párrafo aparte.
Porque el pene por dios que es importante para los niños desde que son chiquititos.
Si de ellos dependiera, andarían todo el día en pelotas saltando con el pene al aire.
Danzando de felicidad.
Les causa risa su pene. Y se lo tocan. Y lo miran con orgullo.
Y eso que aún ni siquiera saben para lo que lo usarán de adultos.
Si son dos niños o más, hacen pipí en conjunto. Y juegan a quien tira el chorro más lejos. Y más potente.
Y por supuesto que la mitad de la orina queda esparcida por el piso del baño y la tapa del WC tarde mal y nunca recuerdan levantarle.
Por lo que cuando se sienta mamá, se moja todo el trasero con pipí de sus pequeñitos.
Los niños no piden muchas cosas.
No se hacen problema por la ropa. Ni por el pelo.
Los niños son mamones por naturaleza.
Están enamorados de mamá y quieren casarse con ella. Y viceversa.
Mamá ama a más no poder a sus niños porque son encantadores. Pegajosos. Llenos de tierra. Ricos. Deliciosos.
Las rodillas de sus pantalones se desgastan con facilidad.
Pues están la mitad de su día, o más, jugando en el suelo. Arrastrándose. Encantados de la vida.
Los niños pueden pasar horas jugando con autos. Aviones. Legos y dinosaurios.
Ellos se acomodan a cualquier circunstancia siempre y cuando tengan sus autitos para jugar.
Y si no tienen sus juguetes pues los inventan.
Y un pedazo de cartón se convierte en avión. Y sus dedos en pistolas y un trapo, en pelota de fútbol.
Y una caja de cartón en nave espacial.
Así son los niños.
Sencillos. Fáciles de llevar.
Amorosos.
No se complican ni siquiera a la hora de hacer pipí por que hacen adónde sea. Y no les importa.
En el jardín. En las plantas o hasta en un basurero.
Pueden pasar horas jugando a la pelota.
O andando en skate.
Son amigos de sus amigos.
No conocen la palabra drama.
Y lo de mamones rara vez se les pasa.
Ni siquiera cuando crecen.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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