Cosas que pueden pasar en el embarazo

1. Vómitos.
Cuando estuve embarazada, las dos veces, vomité como loca. Mañana, tarde y noche.
Era terrible.
Me sentía pésimo. Estaba todo el día con náuseas y todo lo que comía lo vomitaba. Los ojos se me hincharon y se me reventaron las venas que los rodean.
Parecía un mapache apaleado.
Apenas podía pararme de la cama.
Alrededor del cuarto/quinto mes, las náuseas y vómitos se me pasaron.
2. Hambre.
Entonces me vino un ataque de hambre voraz. No podía parar de comer.
Tenía que estar constantemente masticando algo caso contrario, sentía que me iba a desmayar del hambre. Onda, fatiga.
En las noches dejaba un plato de frutas o un yogurt en el velador para comer cuando despertaba.
Era una locura.
Subí 20 kilos en cada embarazo.
3. La acidez.
Maldita acidez. Nunca había sentido algo así. Nunca había tenido acidez. Era asquerosa y nada me la calmaba.
Era un fuego que me quemaba profundamente la boca del estómago.
Nunca más quiero volver a sentir eso. Era una pesadilla.
4. Hielo
En mi segundo embarazo me dio por comer hielo. Masticaba hielo todo el día. Despertaba a las 5 de la mañana y corría al refrigerador a echarme cubos de hielo a la boca.
¿Lo pueden creer?
No podían faltar las bolsas de hielo en mi casa.
Parecía loca.
Tal vez, lo estaba un poco.
5. Hacer caca.
Ir al baño era todo un desafío.
En un comienzo me pasaba el rollo que si hacia fuerza la guagua se me iba a salir. Me daba terror sentarme en el WC.
Luego, como no salía nada, comencé a usar supositorios de glicerina para poder eliminar la caca de mi cuerpo.
Los supositorios de glicerina fueron mi salvación.
Los usé durante todo el embarazo. Nada más me hacia efecto: ni las frutas y verduras ni los litros de agua, ni la fibra ni nada.
6. Retención de líquidos.
Parecía un pavo navideño inflado a punto de entrar al horno.
Estaba hinchada como sapo. Especialmente los pies. No me cabía ningún zapato. Era bastante indigno.
Había sólo un par de zapatos que pude usar porque nada más lograba entrar en mis pies tipo empanadas.
7. Mal dormir. No podía caminar.
Dormía mal. Me pesaba la guata. No podía caminar porque me pesaba todo el cuerpo.
Apenas me podía mover en las últimas semanas.
Me sentía como un camión. En el supermercado debía pedir carritos con motor para poder hacer las compras porque no me podía mi propio cuerpo.
8. Paranoia.
Cada vez que no se movía mi hijo pensaba que algo le habían pasado. Es que una escucha tanta historia. Una noche llegué de madrugada a urgencias porque según yo, la guagua no se movía.
Llegué como una loca y el bebé estaba perfecto. Probablemente durmiendo. Feliz de la vida.
9. Anemia.
M vino una anemia fuerte. Me tuvieron que inyectar fierro en la clínica todas las semanas y también tuve que tomar fierro líquido. Estaba muerta de sueño, y sigo muerta de sueño aún, comía prietas y lentejas como si se estuviera acabando el mundo.
10. Dolores varios.
Me dolía la cabeza, me dolían las pechugas, me dolía la pelvis, me dolía el útero como dolor menstrual.
Me dolía todo y no me dolía nada. Estaba feliz y estaba angustiada. Estaba con sueño y no podía dormir. Quería sexo y me daba susto lastimar a mi guagua.
11. Todo creció.
Me creció el pelo como nunca. Me crecían las uñas como nunca. Me crecieron las pechugas y obviamente, la guata me creció tanto que todos me preguntaban si eran mellizos.
Lamentablemente, post parto, la guata demoró un mundo que desapareciera y todos seguían preguntando cuando nacía la guagua.
Los odiaba.
El pelo lo tenía precioso, largo, brillante. Nació la guagua y SE puso horrible. Además que se cae un montón. Es preocupante.
Cosas que pasan.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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