Convivencia en pareja: un difícil desafío

Por María Angélica Blanco

 Hace un par de años, tuve la suerte de almorzar con un verdadero sabio, antes de que dictara una conferencia sobre Convivencia y Amor.  Como periodista, fue un    gran aprendizaje entrevistar a Humberto Maturana, Premio Nacional de Ciencias, en una afable conversación en  la que me entregó valiosas claves sobre un tema siempre candente y espinudo. ¿Cómo lograr que la rutina de la convivencia no termine matando  el amor?.

 Para este investigador que ha revolucionado el campo de la psicología con sus teorías  sobre la “ biología del amor”, en toda relación la base es aceptar al otro en  su esencia y  legitimidad, respetando su propia concepción del mundo. Sólo reconociendo que cada persona es un universo en sí, es posible construir una vida en pareja.

“ Durante la etapa del enamoramiento, uno quiere todas las dimensiones de cercanía con el otro, pues no le ve ningún defecto y habita en una especie de nube, esa que Platón describió como delirio divino”, me comentó.

Las dificultades comienzan cuando se empieza a compartir la vida diaria, cama, pieza, baño, tiempos libres y se descubren las manías y las imperfecciones de la otra persona. ¿Quién no  ha  sentido la enorme sombra del desencanto al cabo de algunos meses  junto al ser amado  cuando se acaba la luna de miel que tejemos en la mente debido al exceso del expectativas?

Quien me diga lo contrario, está mintiendo o tal vez encontró la piedra filosofal del amor que permanece intacto desde el primer cruce de miradas.

Llevo varias décadas de casada y mi matrimonio ha tenido períodos idílicos, pero también tormentas y tempestades violentas, porque ambos somos polos opuestos absolutos.  Fue una las preguntas que le formulé a Humberto Maturana : ¿Qué hacer para mantener la armonía si percibimos que se está perdiendo?

Para el científico, hay sentimientos y conductas que deben estar siempre presentes  para lograr que el amor permanezca en el tiempo como una danza bien ejecutada : el respeto, la confianza, la honestidad, la comunicación y la mutua colaboración. Y, según lo que Maturana enumeró, están contenidos de una u otra forma en los versos del poeta libanés Khalil Gibran.  ¿“Has leído El Profeta”?, me preguntó. Contesté que hacía mucho tiempo atrás. “Si lo analizas a conciencia, entenderás mi teoría de que el verdadero amor permite que el amado surja como legítimo otro, respetando su autonomía con una confianza cimentada en conversaciones honestas y profundas, de alma a alma, colaborándose mutuamente para crecer como seres humanos íntegros, aprendiendo a ceder sin perder identidad, ni agredirse sicológicamente. Si los que ansían recorrer un camino juntos leyeran El Profeta, aprenderían a superar las crisis y no habría tantos quiebres. Léelo”,           me aconsejó.

Lo compré esa misma tarde y siempre lo tengo en mi velador. Me recuerdan los postulados de Maturana y también la autonomía que sólo el que ama de verdad debe entregarle a su pareja, porque son muchos los momentos en que quisiéramos arrojarlo todo por la borda.

Constanza Diaz

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