Confesión: “Soy mamá soltera, agotada y orgullosa”

Por Mariale Herrera, periodista

Me reúno  con mis amigas sin hijos. Soy la única con ojeras y con una preocupación más en la cabeza. Mi hijo está este fin de semana con su papá. Yo respiro aliviada por tener un par de días para mí. Antes de que llegue el café, una de ellas me pregunta “¿Y qué tal es ser mamá?”

Y yo no puedo evitar sino transportarme a ese primer instante, cuando vi el resultado positivo de la prueba de embarazo. Mi cerebro era un revoltijo: felicidad, sorpresa, miedo, tristeza. Estaba embarazada de mi ex novio, no de mi esposo, ni de alguien que estuviera “enamorado de mi” (sea lo que sea que eso signifique). Pero aún así quería ser mamá, más adelante me daría cuenta de que podía resolverlo todo y que todo saldría bien. Entonces respondo: “Es un reto diario. Es una montaña rusa. Unos días es lo máximo y te crees la mamá más capaz del mundo y otros días quemas el desayuno, tu hijo no lleva la tarea al colegio, vomita y pasan la noche en vela o en la sala de emergencias. No hay días iguales… pero es lo máximo”.

¿Cómo una persona normal o en su sano juicio puede sentir tantas cosas al mismo tiempo y aún así llamarlo “normalidad”?

Pues eso es ser mamá. Y si eres mamá soltera o separada, son más los factores que se te vienen encima. Haces todo prácticamente sola, si el papá de tu hijo está presente tendrás algo de ayuda, pero igual serás tú quien se encargue de todo al final del día.

“¿Y qué es lo más difícil de ser mamá?” Me pregunta otra. Yo sonrío, agotada y le respondo: todos los días son difíciles porque criar un ser humano no tiene nada de fácil, pero si te soy muy sincera una de las cosas más difíciles de ser mamá es criarlo con otra persona y que esa persona sea tu ex. Así la relación con él sea amigable. Es difícil. Punto. Llegar a acuerdos y entendimiento es difícil. Y siempre sentirás lo injusto que es cargar con más responsabilidad. Pero, aunque suene cliché, al final te das cuenta de que vale la pena”. Al decir esto solo me viene a la cabeza la imagen de mi hijo “ayudándome” a limpiar, trayéndome algo que necesito de la cocina. OJO: no siempre es tan colaborador, pero sí siento que estoy criando a un pequeño caballero y eso me llena de orgullo. Y no puedo evitar pensar que si no fuera mamá soltera, el resultado sería otro.

“¿Tendrías otro?” Me pregunta una tercera amiga mientras llega el café y yo grito “¡NOOOOO!” y me río a carcajadas.

Ellas me ven horrorizadas, como si acabara de decir algo espantoso. Las veo y les digo: “Mi hijo es un tesoro y lo adoro. Nos reímos un montón y cuidarlo y protegerlo ha sido una aventura que me encanta. Pero volver a tener un hijo, sabiendo que existe la posibilidad de que, otra vez, me tocará hacer tantas cosas sola, me parece sinceramente una locura”. Pienso en las 24 horas del día y cómo las exprimo para trabajar, llevar al niño al colegio, mantener la casa medianamente presentable, tener una vida social, hacer la comida, no perder la cordura… y suspiro, con cansancio y orgullo a partes iguales. Si existe la remota posibilidad de que conozca a alguien y tenga otro hijo, pero es MUY remota.

Veo sus caras de horror y cierro: “Estoy agradecida. Muchas mamás no tienen ni para darle de comer a sus hijos, no tienen un colegio donde estudien y los cuiden para ellas poder trabajar, no tienen un ex que colabore con la crianza de sus hijos, no tienen casa, no tienen amigas. Yo sí: tengo un bebé maravilloso, inteligente y ocurrente. Cuento con su papá, que aunque discutimos y tenemos nuestros altibajos, está ahí para él. Tengo trabajo, casa y comida en el refri. No me puedo quejar, aunque de vez en cuando lo hago, porque si no explotaría”. Me sonríen orgullosas, hay un silencio breve y les digo: “Y ustedes ¿Los hijos para cuando?”. Y me vuelvo a reír.

Constanza Diaz

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