Confesión: “Nunca quise tener hijos, hoy soy mamá y no logro aceptarlo. Necesito ayuda”.

Tengo 26 años y mi bebé está próximo a cumplir un año de edad. Un año en el que yo he vivido en una realidad alterna, como si la persona que yo solía ser estuviera viendo una película. Como si yo me perdí, me fui. No soy la misma y nunca más lo seré. Lo que más me preocupa es que no logro aceptar del todo la situación en la que me encuentro.

Toda mi vida fui algo rebelde, por usar un adjetivo, también muy independiente,  soy la mayor de 5 hijos y la única mujer. Hice lo que quise durante mucho tiempo, trabajar, viajar, noviar, agarrar la parranda con mis amigas, terminar una carrera, casi todo lo que me proponía. Era dueña de mi vida y de mi tiempo.

Nunca quise tener hijos, no me caían bien los niños, hasta la fecha aún me dan flojera. Cuando quedé embarazada, el papá de mi hijo y yo éramos ex novios, teníamos casi un año que habíamos terminado oficialmente, pero nos seguíamos viendo porque yo nunca pude cortar la relación y decidir ya no verlo, porque siempre lo quise mucho.

Cuando fui a hacerme la prueba de embarazo lo hice sola, porque tenía 10 días de retraso y cómo ¿YO? ¿EMBARAZADA?, pues sí.  Fue un 30 de diciembre del 2015, el resultado positivo y yo no pude hacer más que llorar y llorar en mi carro, afuera del laboratorio.

Todo mi embarazo tomé antidepresivos, todo mi embarazo tuve migraña, todo mi embarazo lloré y lloré y me arrepentí  una y otra vez de estar embarazada. El papá de mi bebé “se hizo cargo”, me entregó anillo de compromiso y estaba ilusionado con la familia que íbamos a formar, aunque fue él quien tiempo atrás había terminado la relación de noviazgo que tuvimos.

El parto fue sumamente traumático,  estuve 6 horas en labor de parto, no pude pujar así que sacaron al bebé con fórceps, no respiró hasta 2 minutos después, duré una hora acostada con las piernas abiertas mientras me suturaban. El bebé se quedó en la incubadora 4 días y yo no me pude sentar sin dolor durante dos semanas.

Cada vez que veo a una mujer recién parida siento pena por ella porque los primeros 100 días de mi bebé fueron un verdadero suplicio, era demasiado llorón, nunca pude acostumbrarme a despertarme cada hora y media, la lactancia me parecía una esclavitud, es por eso que la dejé a los 3 meses. Mi bebé entró a la guardería desde los 45 días y para mí ha sido la salvación.

Obviamente amo a mi bebé y no permitiría que algo malo le pasara jamás, me da felicidad verlo sonreír, pero en estos casi 12 meses de vida  sigo sin sentir que él sea la mayor bendición que haya llegado a mi, simplemente es un bebé que llegó por una calentura de sus padres y que es nuestra responsabilidad cuidarlo y que esté sano. Esto a la vez me llena de culpabilidad porque todo mundo opina “¿Cómo puedes sentirte tan infeliz tendiendo un hijo tan hermoso?”. Pues sí puede ser, todo me cuesta trabajo, me la vivo quejándome y añorando la vida que llevaba, añorando todo lo que nunca hice y ahora lo veo tan imposible.

Ya no puedo irme de vacaciones una semana como antes lo hacía,  casi no veo a mis amigas, no aguanto despierta más de las 10 de la noche,  amo a mi bebé pero no se me satura el corazón de emoción cuando lo veo. Claro, hay días buenos y malos, pero no hay día que pase sin que yo extrañe a la mujer que un día fui. Siempre me atrapo imaginando dónde estuviera si no estuviera cuidando a mi hijo un viernes por la noche, cuántos libros hubiera leído, en qué gran empresa estuviera trabajando.  Volteo a ver al padre de mi hijo y sé que se siente igual que yo, añorando su vieja vida.

Estoy consciente que debo buscar ayuda profesional para poder disfrutar el aquí y el ahora, en vez de lamentarme por la situación, pero no ha sido nada fácil. Soy afortunada en tener una red de apoyo increíble: mi novio (o esposo ya que vivimos juntos) mi madre, mi suegra, mi mejor amiga, mis tías, entre otras personas que me han ayudado bastante en este primer año como mamá.

“Un hijo te cambia la vida, pero no cambia quien eres” es una frase que me marcó desde que la escuché en el embarazo. Sé que las cosas van a mejorar, es cuestión de actitud, pero si me preguntan sí.. si me arrepiento de haberme convertido en mamá. Me aterra la idea de volver a pasar por esto.

Silvana R.

Constanza Diaz

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