¿Cómo enfrentar el primer día de clases? Consejos para padres

Es la primera vez que mi hijo/a estará fuera de casa, sin mí ni algún familiar, a cargo de otras personas por un tiempo prolongado, interactuando con muchos niños de su edad o similar… ¡¿qué irá a pasar?!, ¿podrá enfrentar todo esto “solo”?, ¿cómo reaccionará frente a tantos niños?, “Ojalá no me eche de menos, ni le hagan algo…”. Estas y otras miles de ideas e interrogantes son las que pasan por nuestra cabeza cuando llega el ansiado y, a la vez, temido día, y es que realmente no sabemos qué le deparará esta experiencia nueva a nuestros hijos (ni a nosotros).

Para hacer frente a esta nueva situación lo mejor posible, les recordaré que nuestros hijos ya pasaron por una etapa similar, con nosotros en frente de ellos, pero igualmente fue angustiante…a los 8 meses aproximadamente ocurre la llamada Angustia de Separación, que básicamente consiste en manifestaciones del bebé (llanto, gritos, buscar con la mirada, alzar los brazos, etc.) al encontrarse sin mamá o papá a la vista, por lo que no toleran estar en otros brazos por mucho tiempo, lo que es NORMAL para un desarrollo emocional y cognitivo saludable. Cómo se desarrolló esta experiencia y cuál fue su duración, podría darnos las primeras directrices de su reacción ante un alejamiento (temporal) de mamá y papá, y más aún con personas “extrañas”.

Ahora bien, volviendo al presente, para disminuir nuestra angustia en primera instancia, y luego la de nuestros hijos, es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:

  • Antes de que llegue el momento por necesidad de los padres o por edad de ingresar a nuestro hijo a un establecimiento educacional, es importante acercarnos a experiencias en las que deba interactuar con pares (o que haya otros niños a su alrededor) y estar presentes, observando cómo se desenvuelven, qué les gusta, qué les angustia o molesta, si se ponen nerviosos y prefieren jugar apartados del resto, o por el contrario, se acercan a otros sin dificultad. De esta forma sabremos si tal situación les genera ansiedad o no, y será un “ensayo” de cómo podemos acompañarles, contenerles y proponer alternativas para resolver la vivencia o conflicto. Además, hay que poner atención a cómo nos sentimos NOSOTROS, ¿nos ponemos ansiosos si se cae (corremos a levantarlo, esperamos a ver qué hace él/ella)?, ¿cómo actuamos si vemos algún riesgo potencial alrededor? (un niño lo pasará a golpear si sigue ahí o le pegará porque hace un rato ya le ha pegado a otros…), el solo hecho de pensar en que compartirá el espacio y tiempo con otros que no somos nosotros ¿nos angustia, nos sentimos culpables, lo vemos indefenso o como que lo abandonamos?. Respecto a ello es que los primeros que debemos controlar la ansiedad y algunos temores somos los padres, ya que estos sentimientos se suelen “contagiar” a nuestros pequeños sin darnos cuenta, recordemos también que SOMOS SU EJEMPLO, por lo que partiendo por algo más básico aún, ¿cómo actuamos nosotros con otros o en contextos nuevos?
  • Junto a lo anterior, es necesario mostrarles día a día que estamos disponibles para ellos si requieren de nuestro apoyo y cariño, y fortalecer la confianza en sí mismos reflejando sus capacidades, habilidades y virtudes.
  • Al momento de elegir el jardín o la escuela en donde se formará nuestro hijo, se debe tener en cuenta cuáles son los valores, principios o creencias que tenemos como familia, para estar totalmente tranquilos de que en este lugar se “trabajará” a la par que nosotros, es decir, seremos un real equipo en el que todos querremos lo mismo para él/ella. Para ello es necesario informarse (a través de su página y/o presencialmente) acerca del proyecto en el que está basado el establecimiento, su visión y misión, qué actividades de esparcimiento o “extra-curriculares” posee, talleres, cómo es la infraestructura (cuenta con áreas verdes, espacios comunes, ¿se ve “acogedor?”). En el caso de no tener la opción de elegir el lugar, y ello nos genera alguna inquietud, es muy importante crear un buen lazo con las personas (educadoras, técnicos) que estarán a cargo de nuestros pequeños, viendo la posibilidad de conocerles con anticipación, hablarles acerca de alguna cualidad especial de nuestro hijo y mantener una constante comunicación (a través de entrevistas, reuniones, asistencia a presentaciones de los niños, paseos, etc.). Este punto también se debe considerar si es el primer día de clases en un nuevo establecimiento (o el paso de jardín a la escuela).
  • Establecer rutinas es primordial. Previo al período escolar, idealmente desde el primer año, los niños deben conocer qué actividades/acciones pueden hacer y cuáles no, y en qué horarios. Esto último se puede flexibilizar a medida que los niños crecen, pero siempre teniendo en cuenta un período adecuado de descanso (10 horas en primera infancia, luego 9 u 8 hacia la adolescencia). Esto también hay que pensarlo semanas antes de volver a clases, ya que en vacaciones hay más libertad “horaria” (junto a otros cambios en casa), por lo que debe haber una reestructuración de la rutina.
  • Contémosle nuestra experiencia o la de sus hermanos, primos o alguien cercano para que sepan cómo funciona la escuela. Con adornos y mixturas, tipo “cuento” (o incluso buscar uno), podemos acercarles desde la imaginación a la experiencia de asistir a una, preguntarles qué creen ellos que pasará, qué encontrarán, cómo será su sala, sus profesores/as, en el fondo, conocer sus anhelos y expectativas a través de información que les podemos entregar nosotros previamente. Si es posible, se puede agregar a ello una visita a su futura escuela-jardín para familiarizarlo de forma más concreta.
  • Que nos acompañen a comprar su uniforme o ropa (si va al jardín, que escojan – dentro de las opciones que les damos nosotros – la que les guste), los útiles escolares o pagar la matrícula al establecimiento.
  • Hacerle partícipe desde el primer día de preparar su mochila y, si su educadora les permite (en jardín y pre-escolar) llevar su juguete favorito o algún objeto que siempre lleven consigo y les tranquilice frente a la posible angustia que pudiesen tener.
  • Por último, idealmente ser nosotros mismos – o alguien familiar para el niño – quien lo lleve a su primer (o primeros) día de clases, “mostrando nuestra mejor cara”, evitando los sentimientos de ansiedad o intentando no demostrarlos (recordar punto 1). Si se va en furgón u otro medio del mismo establecimiento, conocer con anterioridad a la persona que los lleve y seguridad del vehículo. De cualquier forma, antes de enviarlos con otros o en el camino – si van con nosotros – se les debe señalar que “nos veremos en un rato” y entregar un claro mensaje: “esta es una nueva experiencia para ti y para mí/nosotros, será un maravilloso día y, si no lo es, estaremos siempre esperándote y apoyándote con todo nuestro amor”.

Waleska León Maturana

Psicóloga Infanto-Juvenil

Constanza Diaz

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