Carta al cielo a mi hermana que falleció

Javita,

Al igual que todos los años, este año me preparo a viajar contigo. Sueño que nos encontramos y nos reímos juntas de la vida.  Abrazos, risas, cafecitos, tu pucho y como siempre, todo bien rapidito y aprovechando el tiempo al máximo. Así eres tú, solo que ahora rodeada de más risas y amor. Todavía no me acostumbro a que no estén tus pasos ruidosos entre los nuestros, y que siempre, siempre falte una llamada y un abrazo apretado. Tus portazos a las 3 de la mañana y tus quebradas eternas de vasos y platos. Tantas cosas de que reírse hermanita. Porque es mejor así, reírse, reírse hasta que las lágrimas se caigan…dulces o amargas, hace bien botarlas.
Hoy mi mente está en blanco y si trato de pensar solo te veo riendo…nada más.
Te llenamos de besos, amor, energía y mucha luz para que tu vida no terrenal sea la mejor. Te queremos tanto Javi!!, tu sonrisa y tu risa, tu voz, tus manitos
enanas, nuestras uñas que eran idénticas, tus zapatitos rojos….mil detalles que ya son parte de mi.
Nuestros destinos se cruzaron en algún punto medio mágico hermanita, porque a la hora exacta en que tu partiste de este mundo, yo venía llegando hace 38 años atrás… te vi chiquitita…y tan feliz….

Mientras el cielo sea azul y exista vida en esta Tierra, nunca dejarás de estar en mis pensamientos. Te abrazo y te levanto del suelo, como era costumbre, tus zapatos a penas tocan con la punta. tu frase típica después de haberte estrujado entre mis brazos. Lo único que realmente te importaba en ese momento era el beso gigante de Benja, tu sobrino. Mi hijo. Bien merecido y bien apretado. Después a comerte a Mati, nuestro concho. Y así repito una y otra vez las millones de cosas que te hacían ser mi hermana chica, mi TREMENDA hermana chica.

Los hermanos son espejos, siempre lo he sentido así, uno se refleja en el otro de miles de formas diferentes. Mi reflejo se apagó en este mundo material y todavía no puedo ni quiero aceptarlo, pero sí puedo vivir sabiendo que ahora lo tengo proyectado en todo el universo, en un mundo distinto, que a través del cordón que nos une, me nutre cada día de enseñanzas y amor.

No sé bien cómo explicarlo, pero sé que estoy viviendo parte de la magia que mi hermana vive hoy. Veo su luz, su bondad y su alegría en los ojos de mis hijos y de todo lo que me va sucediendo. Elegí ese camino. El dolor en su forma más pura, que te parte en dos, pero de la forma más dulce y transparente. Ese que te deja marcas pero que finalmente te lleva siempre a la luz.

Seguimos conversando todos los días, escucho tu risita y me retas… Lloro y me abrazas… Mi mano siempre está tibia… La tuya está encima.

Bárbara de la Cerda

 

 

 

 

 

 

 

Constanza Diaz

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