Carta abierta al padre de mi hijo que nos dejó

Estuvimos dos años juntos y pensé que sería para toda la vida. Qué equivocada estaba. Cuando supiste que yo estaba embarazada agarraste tus cosas y te mandaste a cambiar. Me dejaste sola. Nos dejaste solos. Nada te importó. Que grande te queda la palabra hombre. Que grande te queda la palabra papá. Quedé mal. Mi autoestima se fue al suelo. Enfrenté la maternidad sola. Sentí que mi vida se había acabado. Me sentí gorda, fea. Estaba hinchada y la leche se me desparramaba por los pechos. Sólo quería llorar.

No quería ser mamá, no me sentía capaz de serlo. Aún siento que no soy capaz pero todos los días me levanto y trabajo por mi hijo que tú dejaste botado. Por Vicente. No sabes, no tienes idea de lo que te pierdes cada día. Sus besos, sus abrazos, sus risas, sus juegos.  Por él lucho a diario y lo seguiré haciendo porque es mi cable a tierra y mi motor para funcionar.

A ti, papá de Vicente, quiero decirte que nunca pensé que serías así con tu propia sangre. Estoy segura que tú mamá no te trajo al mundo para que fueras así de perro y cobarde. Porque hay que ser valiente para criar, para ser mamá y para ser papá. Muchos no lo son y huyen igual que tú. Es lamentable pero no saben que los que pierden son ustedes. Pierden el despertarse con un beso, con un abrazo, con un te quiero. Se pierden sus primeros pasos, sus primeras palabras, su primer día de clases y la emoción de verlo caminar con su mochila a su sala. Se pierden las noches en vela que he pasado cuando Vicente ha estado enfermo porque a pesar de ser agotador, nunca lo he dejado. Y así y todo, sin haber dormido la noche anterior, salgo a trabajar por él, por nosotros. Mi vida es un completo caos pero mi motivación es él y sus infinitos te amo.

Me dejaste un dulce compañero de vida, el capitán de este barco. Me dejaste a un pequeño que hoy tiene tres años y le pone color a mis días. Todo lo malo ya pasó. Todo lo gris se fue. Hoy mi vida es multicolor gracias a este niño maravilloso que tú dejaste. No voy a mendigarte cariño para él porque me hiciste darme cuenta que soy capaz de quererlo y cuidarlo por dos y, sobre todo, forjar un niño feliz y lleno de amor porque eso, créeme que no le falta. Gracias por haberme dejado este tremendo regalo para el resto de mi vida. Qué pena por ti, nunca sabrás lo que te perdiste.

Fabiola 25 años, mamá de Vicente.

 

Constanza Diaz

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