Carta a mi ex mujer que me robó a mis hijos

Sé que esto no te va a importar pero tengo la necesidad de escribirlo. Hace dos años que no puedo ver a mis hijos y no sabes cuánto me duele y cómo los extraño. No hay día que no piense en ellos. Mi casa está llena de regalos para ellos que nunca llegaron a sus manos porque tú me los devolviste. Me hacen falta mis niños. Para esta Navidad sus regalos se quedaron nuevamente bajo el pino, esperando que ellos los abran y seguirán ahí. El único regalo que yo pedí es poder verlos y que conozcan a su nuevo hermanito y lo disfruten.  Pero sé que eso no se va a cumplir porque tu rabia y egoismo es superior al amor por los niños. Les quitaste su padre. Yo sé que ellos también siento dolor al no poder verme y estar conmigo. Seguiré depositando todos los meses para que no les falte nada. No te pondré más órdenes de arresto porque no quiero que ellos sufran.

Cuando nos separamos todo marchaba bien. Los niños venían a verme y se quedaban conmigo. Me dijiste que nunca me los ibas a quitar y yo te creí. Venías a dejarme a los niños los fines de semana cuando querías salir y yo encantado me quedaba con ellos.

Todo cambió cuando conocí a otra mujer. Hiciste lo imposible para que no estuviéramos juntos. Le mandaste mensajes, la seguías, la llamabas. Aún en esos momentos yo podía seguir viendo a mis hijos normalmente, pero cuando mi mujer quedó embarazada me dijiste: Nunca más verás a tus hijos. Te lo juro. Aunque me vaya presa, así será.

En un principio no tomé conciencia de tus palabras. Pensé que era sólo un momento de rabia pero hoy que cumplo dos años sin verlos sé que lo dijiste en serio sobre la base de la venganza y el despecho. Siento pena por ellos y por mí y por todos nosotros. Porque esta historia no debería de haber tenido este final. Con los niños no se juega. Todos perdemos.

Otro verano pasará y no veré a mis niños. No podré enseñarles a nadar ni ponerlos bloqueador para protegerlos del sol. No podré comprarles los helados que tanto les gustan y cosecar moras en el campo adonde íbamos a veranear a fines de febrero. No pòdré lavarles los dientes en la noche ni acompañarlos a su primer día de colegio cuando llegue marzo. Ser padre es, a veces, tremendamente injusto. No merecíamos esto.

Cristián

Constanza Diaz

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