Empoderemos a nuestros niños a respetarse y respetar

Te fuiste Antonia. Tu partida nos duele y te lloramos. Nunca te vi pero siento tu dolor al tomar esa decisión, siento tu angustia. Siento tu miedo y comprendo que no viste más salida a tu tormento. Perdónanos por no haberte podido ayudar. Con tu muerte, todos morimos un poco. Nadie queda inmune a ella. Nadie.

Yo nunca conocí a Antonia Garros pero su historia me marca y me duele, como le duele a tantos. Antonia se lanzó del piso número 13 de un edificio que queda muy cerca del mío. Esa noche, como todas las noches, me encontraba trabajando en mi computador, cuando sentí sirenas y ambulancias pasar muy cerca de mi ventana.

Algo grave pasó- pensé.

Al día siguiente leí en las redes sociales sobre Antonia, sobre su tormentosa relación con su pareja. Joven. 23 años. Guapa. Atrapada en una pesadilla.   Antonia se lanzó al vacío para acabar con su vida y con el martirio que significa estar atrapada en una relación tóxica y enferma. No había salida para ella. No había futuro. No pudo más. No pudo escapar de las heridas emocionales de la mujer maltratada. Ella no pudo más y tomó la más drástica de las decisiones. Atrás quedó su familia y amigos que la lloran como sólo se llora a alguien que fue parte de tu vida, de tu corazón, de tu alma y recuerdos marcados con sangre y dolor porque ella ya no está. Nadie la pudo salvar y eso duele. Duele no haber podido hacer más. Duele no haber podido cambiar el final. Duele demasiado. ¿Y qué podemos hacer los que quedamos acá, vivos en este plano terrenal, consternados con esta noticia horrorosa?

Las que somos madres, tenemos la responsabilidad en nuestras manos de enseñar a nuestros hijos de pequeños a respetarse, a cuidarse y a protegerse. A huir cuando sea necesario de cualquier indicio de violencia. Ya sea física o psicólogica. Empoderar a nuestras niñas a quererse y respetarse. Para que nunca jamás permitan que les pongan una mano encima. Para que se valoren y comprendan que una relación enferma no te lleva a nada bueno más que al sufrimiento y, a veces, la muerte. Es duro. Pero debeos inculcar en nuestros hijas el respeto por ellas mismas. Porque no queremos más Antonias. No queremos más muertes. No queremos más hombres golpeadores y para eso, las que somos madres de niños, tenemos que enseñarles a respetar a las mujeres. A jamás ponerles una mano encima. En nuestras manos está el generar un cambio y terminar con este círculo de violencia que al parecer no se acaba jamás. Porque son muchas las Antonias que hemos visto en las noticias. Son muchas las Antonias que no pudieron más y prefirieron terminar con toda su tortura de la manera más drástica de todas.

Una mujer joven, querida por todos quienes la conocieron. Con sueños el ilusiones que nunca se podrán concretar porque Antonia ya no está. Con proyectos truncados. Con risas silenciadas. Con conversaciones que jamás se repetirán. Con esa complicidad que sólo las buenas amigas te dan. Que la muerte de Antonia no sea el final si no que marque un principio en la empoderación de las mujeres, en terminar con la asquerosa violencia de género que nos rodea. De enseñar valores de respeto a nuestros hijos. Qué rabia, qué impotencia. Qué dolor. Qué culpa.

Esa noche recuerdo tan bien las sirenas. Yo tranquila en mi casa, protegida. Mis niños dormían en la habitación de al lado. Yo escribía en mi computador, y Antonia, sin encontrar más salida, se lanzaba en ese momento del piso número 13 porque simplemente ya no dio más. Y acá quedamos todos llorando una muerte que nos duele porque jamás debería de haber sucedido.

No más Antonias. Que tu partida genere un antes y un después en todos nosotros y que no sea en vano. Feliz viaje, Antonia querida, aunque no te conocí, me hubiera gustado haberte ayudado y contenido. Estábamos tan cerca y tan lejos a la vez. Empoderemos a nuestras niñas para que aprendan a protegerse y salir de relaciones tóxicas. Empoderemos a nuestras niñas para que sean valientes y no necesiten a nadie. Para que aprendan a arrancar a la primera señal de violencia, porque la violencia es un espiral que mata. Y nosotros como adultos, como familia, estemos en alerta. Porque también tenemos que proteger, educar y mostrar el camino a quien lo necesita. Buscar terapia, tratamientos con especialistas. Porque generalmente, no se puede salir sola o solo de una relación violenta. Y ojo, que la violencia se da generalmente por los dos lados: tanto hombres como mujeres.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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