Alienación parental: un daño irreparable a los hijos

Yo soy hija de padres separados.
Nunca quise que mis hijos crecieran en las mismas circunstancias que crecí yo, sin embargo, no pude evitarlo.
Y también me separé.
Cualquier separación es difícil.
Es el término de algo.
De un proyecto de vida que no funcionó.
El matrimonio se acaba. Pero la familia no se acaba jamás.
Esa frase me la dijo mi padre años atrás.
Y me hace mucho sentido. Sobre todo ahora, en la etapa que estoy viviendo.
Como mujer y como madre de dos niños, me preocupo y contribuyo a que vean con regularidad a su padre.
Sé que es derecho de ellos y sé que aunque, lo nuestro no haya funcionado como queríamos, no se los voy a negar jamás.
Pienso en mis hijos.
No pienso en mí.
Porque es en ellos en quien debemos pensar siempre.
Y ellos necesitan tanto a su madre como a su padre para crecer y desarrollarse como seres humanos.
No es fácil.
Pero siempre hay que hacer lo mejor posible por ellos.
Un error común que cometen algunos padres o madres es contaminar las cabezas de sus hijos e involucrarlos en sus problemas de pareja.
Permítanme decirles que eso es lo peor que como progenitores pueden hacer.
Un niño debe jugar, reír, soñar.
Pero jamás meterlos en temas que no les competen.
Y menos, hablarles en negativo de su padre o madre.
Ponerlos en contra.
Al punto que los hijos terminan odiando a uno de sus padres y no quieren verlo más.
Esto se llama síndrome de alienación parental.
El programarle la mente a los hijos para que odie a uno de sus padres.
Sin motivo alguno.
Por despecho. Por rabia. Por celos. Por venganza.Por querer hacer dañó. Por ganar la pelea a través de los hijos.
Esos niños que han sido utilizados tendrán consecuencias emocionales cuando crezcan. Además de haber sido alejado de su padre o de su madre por años sin querer verlos.
El daño es tremendo.
El vínculo que se rompe entre padre e hijo es complejo componerlo. Porque a veces pasan años sin que ambos tengan contacto.
Un hijo no debe ser jamás involucrado en el proceso de separación de sus padres.
Un hijo no funciona como moneda de cambio: si no me das dinero, no lo puedes ver.
Los padres deben de comprender que el hijo es de ambos y que tiene derecho de ver y estar con los dos.
Por lo que, independiente a los conflictos, hay que ser sensato y llegar a acuerdos civilizados en pro del bienestar de ellos.
Para bien o para mal, es el padre o la madre que en algún minuto de nuestras vidas escogimos para nuestros hijos.
Y no lo podemos borrar.
Es derecho de ellos verlos.
A menos que su integridad y derechos sean vulnerados, no existen motivos para lo contrario.
No es la madre ni el padre quién decide si su hijo ve o no ve a uno de sus progenitores, son los Tribunales de Familia quienes lo hacen en primera instancia.
Segunda instancia la Corte de Apelaciones y finalmente la Corte Suprema.
Ningún padre o madre puede tomar la justicia en sus manos y negarle a sus hijos el derecho inalienable de ver y estar con uno de sus padres.
Usted soñar, usted señor: Téngalo presente.
Piense en sus hijos y después piense en usted.
No es entretenido ser hijo de padres separados.
Por lo mismo, intentemos hacer de esta situación difícil algo menos desagradable para ellos.
Constanza Díaz H.

Constanza Diaz

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