¿Adónde quedó la mujer que fui después que me convertí en mamá?

Queria ser mamá. Nunca lo dudé ni por un segundo. Siempre me imaginé de mamá y me encantaba la idea. Hasta que tuve a mi primer hijo, Julián. Hoy de cuatro años. Y luego tuve a Rafaela, de tres años y medio. Y me perdí. Me perdí entre pañales, llantos, desveladas y mamaderas. No sé adónde quedé yo, la mujer que habitaba en mi. La mujer que era. Qué fuerte suena decirlo. Ya no me siento mujer. Ahora sólo me siento mamá de mis niños, dueña de casa. Mamá veinticuatros horas seguidas. Dejé de preocuparme de mi. De mi apariencia. Hace mucho tiempo que no me compro algo de ropa. Todo lo que compro es para mis niños. Me dejé de lado. Me dejé estar. Me siento gorda y fea. Siento que perdí todo el atractivo que alguna vez tuve. Y apenas tengo 26 años. ¿Qué me espera para el futuro? Mi pareja está distante. Aunque dice que me quiere. Yo no le creo. Me da vergüenza que me vea desnuda. Cuando tenemos intimidad, que es tarde mal y nunca, lo hacemos con la luz apagada y siempre con temor de que despierte un niño. Ya no es como antes. Ni siquiera me dan ganas. Qué pena, pero no me siento mujer. Me siento mamá, pero no mujer. Cambió mi vida y cambiaron mis prioridades. Sé que debería de volver a preocuparme de mí como lo hacía antes. Sacarme este buzo feo, maquillarme, arreglarme el pelo y las cejas. Bajar de peso, hacer deporte. Salir con mis amigas. Pero, ¿cómo? No tengo minutos libres. Si no son los niños es la casa, es mi pareja, es la rutina que me atrapa. ¿Cómo vuelvo a ser yo? Tengo miedo. Miedo de convertirme en lo que siempre odié. Una mujer apagada, despreocupada, sin vida. Debo encontrar a la mujer que fui pero no sé cómo hacerlo.

Anónimo

Constanza Diaz

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