5 diferencias entre vacaciones con niños y vacaciones sin niños

Hace poco tuve la suerte de ir a República Dominicana. Un maravilloso país caribeño de aguas tibias y cristalinas y de gente muy acogedora, alegre y amable. ¡Un fantástico país! Fui con mis niños de 7 y 6 años. Disfrutaron cada minuto del viaje de una manera que hasta a mí me sorprendió. Fue una tremenda experiencia para ellos.

Fuimos a Punta Cana. Nos quedamos en playa Bávaro y no nos queríamos volver. Durante los 7 días que estuvimos en ese paradisiaco lugar, me dediqué a analizar a la gente con mi ojo periodista. Me encanta mirar a las personas de otras culturas y nacionalidades e imaginar cómo será su vida en sus respectivos países. Y así observando empecé a comparar a aquellas parejas que estaban solas y las que estaban con los críos. Gran diferencia.

1. Allá corría la mamá por la arena blanca con la hija de tres años chillando porque el hermano le había quitado el balde. Por allá otra mamá corriendo para llevar al hijo al baño a hacer caca. Otra haciendo dormir al bebé. (Muchas familias con bebés). Una mamá argentina entrando al restaurante a cenar con sus dos hijos mayores y su hija en coche durmiendo. La nena de unos dos años apenas ingresó al lugar, despertó. La pobre madre, colapsada.

2. Allá, bajo las palmeras, una pareja de Brasil. Ella, con los labios pintados de color anaranjado que le contrastaba muy bien con su bronceado. Perfecta. Él, fumando un habano. Tomando cerveza. Mirando el mar. Bañándose juntos. Por allá la madre chilena diciéndole al hijo que pare de lanzar arena. Gritándole al mayor que se saliera del agua.

Las madres presentes, sin tiempo para pintarse ni las uñas, la panza post parto que todavía cuelga, intentado tomar sol.

3. Relajadas, las parejas sin hijos bailando salsa. Tomando piña colado. El tiempo detenido en el Caribe. Yo corriendo tras mis niños. Preocupada de que se alimentaran bien. Se da vuelta la Coca Cola en el suelo. El otro que chilla porque quiere nadar con delfines. El menor que tiene sed. Y así nos pasamos el día entre alegrías y embetunados con bloqueador solar.

Las parejas sin hijos, tomando caipiriña bajo la palmera tropical. Perdidos en el tiempo. Sólo levantándose de la posadera para ir a buscar otro trago.

3. Que no se pierdan. Constantemente preocupada, viendo adónde estaban. Nerviosa cuando los perdía de mi radar. Buscándolos. Pasándome mil rollos cuando los dejaba de ver por unos minutos. Hasta que los veía y mi corazón se calmaba y dejaba de pensar desenlaces horroros.

Pareja sin hijos, mientras tanto, pidiendo algo para tomar en el bar de la piscina. Tomando clases de baile. Durmiendo en la sombra luego de almorzar. Sin preocupación alguna.

5. Las parejas sin hijos dando rienda suelta a su sexualidad. A cualquier hora una escapada a la habitación. Yo, a las 10 de la noche, intoxicada de sueño. Los niños también. Pero resisten y disfrutan a más no poder. Aunque se les caen los ojos de sueño. Salieron gozadores. Más que mamá. Me pone feliz verlos felices. No tuve sexo, no me quedé hasta las tantas de la mañana tomando un trago con mi pareja y amigos. Mi pelo era un desastre lleno de arena, limpié traseros sucios y me llegaron muchas patadas y manotazos en la cama adonde dormimos los tres, y aún así, fueron las mejores vacaciones de mi vida.

 

Constanza Diaz

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