Libertad, divino tesoro y cómo la maternidad te lleva a un mundo paralelo del cual no sabes cómo lo sobrevives


Por Pamela Porter, periodista

@pamelatenis

Esta columna no está dedicada a las super mamás. A esas que tienen 5 hijos y siempre tienen todo resuelto. A las que no les importa comer paradas, ir al baño con público o no poder ducharse. A las que estuvieron meses encerradas dando pecho, sin salir, sin ver amigas, sin hacer deporte, sin dormir muchas horas. No. Aunque sin duda son impresionantes, no las envidio. Con todo el respeto del mundo, pero para mi la libertad es el bien mas preciado del ser humano. No es que sea más importante que los hijos. O que uno la quiera más que a ellos. Pero al menos para mi, está por encima de la maternidad 24/7.

El cambio es muy brutal. De tener todo el
tiempo del mundo para una, pasamos a cero. Nada. De poder ir una vez al mes a la peluqueria a ninguna vez en meses. De poder salir a correr o ir al gimnasio a moverse entre la pieza,  la cocina y el baño. De tener muchos temas de conversación a hablar sólo de caca, poto, pipi y leche. De poder ver una pelicula completa, a poner cara de horror cuando te cuentan una noticia que pasó  hace dos semanas y nunca te enteraste porque ahora vives en una realidad paralela. En fin. Son tantas cosas las que uno deja de vivir que por momentos es desesperante  y llegamos a creer que va a durar para siempre. Y más allá de la mamá, si es que,  de una es poca la gente que realmente nos ayuda. E incluso, en algunos casos, nuestra propia madre no nos ayude porque ya no está con nosotras, porque trabaja, porque vive en otra ciudad. Porque no nos llevamos bien. O porque no quiere.
Una parece sumergirse en un mundo diferente que nadie ve.
Ves como borroso. La vida sigue, la gente se ríe, va a tu casa, conversa, toma café pero para una el mundo se paralizó. Cambió. Desde ese preciso instante en que pariste, la vida cambió. Para siempre. No digo que para peor. Al contrario. Tener un hijo es lo más lindo que le puede pasar a una persona en esta vida. Pero la maternidad no. No es lo mismo. Hijos, una maravilla. Maternidad, dependiendo de cada una, puede ser de terror.
Para mí, Es un  trabajo horroroso. Sin vacaciones, sin feriado, sin horas libres. Sin licencia para enfermarse. Ingrato. Cansador. Incomprendido,  porque nadie te entiende y seguramente muchas que están leyendo esto dirán, que mujer más mal agradecida.
Hay momentos maravillosos, como cuando empiezan a caminar o cuando aprenden a comer o van por primera vez al jardín o dejan los pañales. Y ahi todos están. Todos celebran. Todos les cuentan a sus amigos. Pero quien fue la que estuvo detrás de todos esos logros? Quién postergó todo absolutamente todo para que ese pequeño ser que nació de ti  se convirtiese en un bebé feliz y  luego en niño. Más tarde, en adulto.  Y este panorama se pone mucho más horroroso si no existe una red de apoyo. Sin familia, sin pareja, sin amigos. Ahi el camino se hace  más difícil y hay que convertirse en pulpo para poder hacer un cuarto de las cosas que queremos hacer.  Mucha gente me va a decir que es una etapa: si ( ¡por suerte!). Que tiene hermosas recompensas: si, es cierto.  Y que voy a extrañar terriblemente esta época cuando crezcan: NO. Eso no. Segura. Porque  Me lo decían cuando eran guaguas y no he extrañado esas cabezas móviles y esos proyectiles de vomito. Para cada cosa hay su tiempo, su proceso y un momento. Y así como los vi nacer, gatear, caminar y luego correr ahora quiero verlos crecer sin nostalgia,  independizarse , ser felices , convertirse en adultos, tal vez formar una familia o dedicarse a viajar por el mundo, pero sea cual sea su eleccion de vida, que en algun monento se sienten, me miren a los ojos y me digan: ¡vieja! ¿Cómo cresta lo hiciste?

Constanza Diaz

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