4 razones por las que tirar la oreja o pegar no es opción de crianza

Por mucho tiempo se naturalizaron los golpes a los niños. Antes, incluso, los maestros en los colegios golpeaban y nadie decía nada. Era considerado como normal. Tirar las orejas, un pellizcón, palmadas. Golpes fuertes, golpes pequeños. Golpes al fin y al cabo. Los niños son intensos. La crianza es muy difícil y estresante. Es fácil salirse de quicio y es fácil llegar a tirar una oreja. Pero lo cierto es que no está bien. Si lo hemos hecho, después nos embarga un horroroso sentimiento de culpa. Y debemos intentar no hacerlo más. ¿Por qué?

1. Está comprobado que los castigos físicos no educan. Sólo imparten miedo y sometimiento. Y no queremos que nuestros niños nos tengan miedo. Al contrario. Tampoco queremos hijos sometidos que hagan caso en todo sin cuestionarse y preguntarse por qué. No queremos que hagan lo que quieran con ellos porque tienen miedo y no se atreven a decir NO. Los golpes dejan huellas en el alma y a través de golpes no se cría jamás.

2. Al tirar la oreja o pegando a tu hijo lo único que demuestras es que eres una persona que pierde el control y no tiene otra manera de expresarse que golpeando. Si ese es tu caso, te aconsejo trabajar el control de la rabia a través de una terapia, deportes, yoga o conversando con una amiga. Hay técnicas para aprender a calmarse porque finalmente el pegarle a un hijo, o pegarle a cualquier ser humano,  es una manifestación de tu propio descontrol sobre la rabia. Es no tener más herramientas para resolver el conflicto que a golpes.

3. Es humillante. Es degradante. Pegarle a alguien es un acto irracional. No se puede educar a la persona que más quieres en la vida, pegando. Pero, si lo hiciste, si diste esa palmada, si diste este pellizcón o tirón de orejas, porque acá no vamos a juzgar a nadie y sabemos que muchas veces es difícil controlarnos, te aconsejo recapacitar y pedir perdón. Disculpa, hijo, me equivoqué. No se enseña a través del golpe. Actúe mal. Perdóname.

4. Al educar golpeando, aunque sea tirando la oreja, le enseñas a tus hijos que está bien pegar. Y eso es, precisamente, lo que queremos evitar: que ellos golpeen y sean agresivos. Yo sé que cuesta controlarse. Yo sé que los niños, a veces, desesperan. Por eso, cuando sientas que vas a explotar, anda a otra habitación y cálmate. Una vez que estés más tranquila, acércate a ellos. Habla los problemas en frío. Busca ayuda y rodéate de gente que te contenga. Busca contención porque, finalmente, una mamá que está bien consigo misma y tranquila, cría mejor que una mamá histérica y estresada. Esa mamá estresada tiene muchas más probabilidades de golpear a sus hijos que la mamá que está en armonía con ella y su entorno. Busca ayuda.

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Constanza Diaz

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