10 personas que odias en el post parto

Es tal vez uno de los períodos más difíciles de nuestras vidas, donde necesitamos rodearnos de la mayor cantidad de gente que nos apoye, nos cuide y nos contenga.

Sin embargo no faltan los “invitados de piedra”, que pueden acabar con tu escasa y oscilante paciencia.

Aquí una lista, tomada de ScaryMommy y editada con soluciones.

1. Los ayudantes que no ayudan. Recuerdas cuando estabas embarazada y todos tus amigos y familiares decían y prometían que vendrían a ayudarte apenas naciera el bebé? Bueno, lo que no te dijeron es que al “ayudar”, querían decir que querían venir y alterar al bebé mientras arrastras tu cuerpo cansado por la casa haciendo las tareas que creías que ellos iban a hacer por tí. Se aprovechan del tiempo en que el bebé está tranquilo y dormido. Y lo peor: lo devuelven cuando empieza a llorar. SOLUCIÓN: la puerta es amplia y la casa es pequeña, rodéate de personas que de verdad te ayuden.

2. Las visitas que creen que están de vacaciones. Estas son las malvadas hermanastras de los ayudantes del punto anterior. Viven muy lejos, no pueden esperar a ver al bebé, y van a quedarse en tu casa y “ayudar” todo el día. Pero también esperan que los alimentes en un momento de tu vida en que apenas puedes alimentarte tú (por falta de tiempo y ganas). No pueden entender por qué les estás pidiendo que te ayuden con la ropa sucia si están de vacaciones. Además, hay que hacer de guía turístico y dar recomendaciones para salir y pasear, mientras tu sueñas con poner los pies en la calle diez minutos. SOLUCIÓN: la misma de la anterior multiplicada por dos. Siempre hay buenos hoteles o familiares que los quieran alojar.

3. Los amigos que llegan tarde. “Vamos a venir a las 12 y traer el almuerzo”, dicen la noche anterior. “Eso suena perfecto”, dirás. “No tenemos nada de comida en la casa y sería bueno comer algo rico” A las 11 de la mañana, el bebé se queda dormido y piensas: “No, no debo dormir la siesta. La gente estará aquí pronto” Y luego, por cada minuto que el reloj marque más allá del mediodía, comenzarás a contar el tiempo que podrías haber pasado durmiendo y tu rabia crecerá. A la una de la tarde, la combinación de hambre y privación de sueño se habrá convertido en una rabia de tamaño Hulk. ¡¿Dónde está mi hamburguesa?! SOLUCIÓN: siempre dormir, aunque haya gente. La almohada es tu mejor amiga.

4. La persona que trajo la torta. Al principio, no odiarás a esta persona. La lactancia materna te ha puesto muy hambrienta y las calorías adicionales que estás quemando te dan derecho a un pequeño placer dulce y con muchos sellos. Luego, a las 3 de la mañana, después de haber dormido cinco horas en los últimos dos días, estás de pie en la cocina, comiendo 3/4 de una torta de chocolate del recipiente con una mano mientras intentas mecer a tu recién nacido gritando con la otra. El arrepentimiento viene inmediatamente. Nunca volverás a entrar en tus antiguos pantalones. ¿Qué clase de persona malvada te tentaría así? SOLUCIÓN: guardarte pequeños pedazos de las cosas ricas que traen y el resto mandarlas con los comensales “para el desayuno del otro día”.

5. El inventor del “Doctor Google”. Esta es otra cosa que pensarás que te gusta hasta que te vuelve loca. Cuando llegas a casa por primera vez desde el hospital, todo es raro. Estás sangrando, hinchada y adolorida. Todo lo que hace el bebé es extraño y nuevo. Ellos hasta respiran extraño y les salen todo tipo de erupciones que son totalmente normales. Sin embargo, cuando estás a las 4 a.m. googleando cosas en tu teléfono, todo parece peor de lo que es. “¿Cómo conseguí la preeclampsia después de dar a luz?”, Piensas. “Mi bebé tiene asma e impétigo!” Peor que esto son las “informaciones” que resultan más bien ser juicios sobre crianza y te sumergen en el mundo del supuesto “deber ser” de la maternidad, donde claramente estás haciendo la mitad de las cosas mal. SOLUCIÓN: Es hora de apagar el teléfono y prender el sentido común maternal (existe en cada una de nosotras, solo hay que buscarlo y escucharlo).

6. Las personas enfermas desconsideradas. Aparecen en tu puerta con las narices rojas  y la tos que pica. “Estuve enferma la semana pasada. No soy contagiosa “, dicen. Otros culparán a las alergias. Otros traen a sus niños enfermos. Antes de que puedas decir: “Por favor, lávense las manos”, han empezado a manosear a tu pobre recién nacido indefenso. Cuando la visita estornuda, puedes ver realmente los gérmenes salir de su boca, caer su mano y esparcirse en toda la cara del bebé, como si tuvieras luces ultravioletas de detective. Cuidar a un bebé enfermo es lo peor. Manejar a un recién nacido irritable mientras tu estás enferma es casi igual de terrible. SOLUCIÓN: preguntar si están enfermos antes de autorizar la visita, aunque suenes desconsiderada y poco tolerante.

7. La mujer-madre que piensa que haces todo mal. Podría ser tu propia madre, una tía, una amiga. No importa. Hicieron las cosas de manera diferente … y lo hicieron bien. ¿Por qué no lo haces así entonces? SOLUCIÓN: “¿Por qué no te guardas tu opinión y me dejas vivir la maternidad como yo crea que es mejor, aunque me equivoque?”

8. El marido que duerme bien. Durante esas primeras semanas, la mayoría de las madres se despierta sólo con que el bebé respire de forma diferente. Algunos padres, por otra parte, duermen profundamente, incluso si su recién nacido está gritando a 10 centímetros de su cara. No hay nada que él pueda hacer de todas formas, en especial si el bebé tiene hambre y estás amamantando. Pero aún así lo odiarás un poco, especialmente si se queja de estar cansado al día siguiente, o cuando dice que el bebé “pasó una buena noche” porque no lo escuchó despertarse cada 10 minutos. SOLUCIÓN: aceptarlo y quererlo, su vivencia es distinta a la nuestra.

9. La yo embarazada que no hizo ejercicios. No sólo por la falta del manejo del famoso piso pélvico y cuanto se nota después del parto. Como no hay cosas por las cuales culparse, piensas que si te hubieras aplicado más en el ejercicio prenatal estarías en mejor forma para enfrentar el post parto. SOLUCIÓN: Afuera la culpa: tu súper cuerpo fue capaz de crear a una persona completa y sacarla de ahí. Date crédito por todo lo que has hecho y no por lo que no hiciste.

10. El repartidor/el conserje. Si no tienes uno, tienes a otro. Tal vez el timbre no despierta al bebé, pero llega siempre en el peor momento. Recién se durmió y por fin vas a darte una ducha… Ring! Recién se durmió y vas a comer algo… Ring! Recién se durmió y por fin está todo tranquilo… Ring! El perro enloqueció. SOLUCIÓN: mandar los despachos a otra casa o amenazar al conserje que no toque el timbre a menos que el mundo esté derrumbándose.

A rodearse de lo que sirve y afuera lo que no sirve, sobretodo en esta etapa. Si no viene a limpiar no ayude a ensuciar.

Constanza Diaz

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